Editorial: A estirar la plata

Editorial: A estirar la plata

Son tantas las necesidades que urge cuidar cada centavo del presupuesto del 2017.

08 de noviembre 2016 , 08:43 p.m.

El Concejo de Bogotá se apresta a estudiar el proyecto de presupuesto para la vigencia del 2017, tasado en 18,7 billones de pesos, un 22 por ciento superior al que se terminará de ejecutar este año. Cifras más, cifras menos, hablamos de un monto equivalente a cuatro veces la partida proyectada para Medellín, ocho veces la de Cali y seis la de Barranquilla.

Sin duda, se trata de una cifra por lo demás ambiciosa, que se corresponde con el programa de inversiones previsto por el alcalde Enrique Peñalosa y su equipo de colaboradores en el plan de gobierno ‘Bogotá mejor para todos’.

Reconforta que el grueso de los recursos (80 por ciento) esté destinado a los sectores con mayores apremios: educación (3,3 billones), salud (2,2 billones), movilidad (1,6 billones) e integración social (1 billón de pesos). Cualquier peso que se invierta en ellos ofrece una tasa de retorno en términos de beneficios que redundarán en una mejor ciudad hacia el futuro. O al menos eso es lo que se espera.

Ahora bien, si se desmenuza cada uno de estos ítems, no hay plata que alcance. Las demandas superan cualquier expectativa, y las fuentes de ingresos suelen ser las mismas que históricamente han mantenido a flote a la capital: el impuesto de industria y comercio, que genera 3,6 billones de pesos; el impuesto predial, que aporta 2,3 billones; los tributos por gasolina y vehículos, 880.000 millones, y casi 4 billones más recaudados vía otros ingresos.

Por eso, por muy considerable que parezca la apuesta presupuestal del próximo año, la verdad es que Bogotá necesita más que eso para ponerla a tono con las de las grandes capitales de la región. Atender el cúmulo de tareas pendientes requeriría, por lo menos, tres presupuestos adicionales. La sola recuperación de la malla vial –con un atraso de 20 años– exige 11 billones de pesos, y las megaautopistas proyectadas, otro tanto, sin contar las erogaciones que vienen por concepto del metro, que, a propósito, sigue sin el Conpes del Gobierno Nacional, o huecos terribles como el del SITP.

Y la plata simplemente no alcanza. De ahí que la Administración esté apelando a nuevas fuentes de ingresos: venta de activos, alianzas público-privadas e incluso el cobro de nuevos tributos. La consigna, como lo ha expresado la secretaria de Hacienda, Beatriz Arbeláez, es acelerar la ejecución de las obras.

Lo cual está bien. Sin embargo, no sobra advertir que, como decían los abuelos, habrá que estirar la plata hasta donde más se pueda, ante la incertidumbre que se cierne sobre la generación de nuevas rentas.

El 2017, de acuerdo con el propio Peñalosa, será el de las licitaciones y el inicio de varios frentes de trabajo. Y es allí donde se requiere cuidado, tanto para blindar los procesos contractuales que permitan garantizar calidad, cumplimiento y transparencia como para asegurar que el desarrollo previsto en vastas zonas de la capital se haga en términos de sostenibilidad urbana.

Bogotá entrará en un frenesí de obras, muchas de las cuales no verá esta administración. Por lo mismo, lo óptimo sería que las decisiones contaran con una alta dosis de consensos ciudadanos y una generosa cuota de confianza en el Gobierno. Es lo mínimo que se pide.

editorial@eltiempo.com

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