Editorial: Coletazo sirio en Turquía

Editorial: Coletazo sirio en Turquía

El asesinato del embajador ruso añade graves secuelas geopolíticas a la terrible situación de Siria.

19 de diciembre 2016 , 08:13 p.m.

Si ya el conflicto en Siria –y en particular lo sucedido en las últimas semanas con la conquista a sangre y fuego de Alepo por las fuerzas del régimen de Bashar al Asad y sus aliados– rebasaba todo umbral de indignación y vergüenza para la humanidad, el asesinato ayer del embajador ruso en Turquía, a manos de un policía que después de disparar gritó que no se olvidaran de Siria ni de la martirizada ciudad, le añade un ingrediente dramático con amplias repercusiones geopolíticas que podrían desestabilizar aún más la región.

De hecho, tanto Moscú como Ankara coincidieron en su apreciación de que este era un atentado contra el proceso de normalización de sus relaciones luego de estar en camino de superar momentos de gran tensión por el hecho de que los dos países apoyan bandos diferentes en el conflicto sirio. Y también contra una salida pacífica para el conflicto sirio.

Mientras Rusia está con el régimen de Al Asad, Turquía ha estado con la oposición moderada, y se han vivido situaciones que por poco llevan a una ruptura de relaciones, como cuando fuerzas turcas derribaron un caza bombardero Sukhoi cerca de la frontera con Siria en noviembre del año pasado.

Pero una delicada labor de filigrana diplomática tejida en los últimos meses había llevado a las dos capitales a un importante acercamiento que esperaba acabar de sellarse hoy, con la reunión ministerial entre los dos países –más Irán–, para tratar de buscarle una solución a la situación en Alepo y conciliar posturas para eventuales negociaciones de paz.

Justo en este momento se da el asesinato del diplomático, mientras avanzan las evacuaciones de más de 5.000 civiles de Alepo hacia la localidad de Khan al Assal, en medio de escenas de dolor y desarraigo y ante un panorama de destrucción de la que era considerada la segunda ciudad en importancia de Siria, después de Damasco.

Detrás de ellos, con las pocas cosas que lograron rescatar, con sus casas destruidas y camino a un porvenir muy probable como refugiados en un campamento, los habitantes de Alepo se enfrentarán de ahora en adelante a un futuro incierto, en un drama que hoy es comparado con la masacre de Srebrenica (Bosnia), en la cual fueron asesinados 8.000 varones bosnios musulmanes en 1995, o el genocidio de 1994 en Ruanda, donde se dio muerte a unas 800.000 personas de la etnia tutsi y hutus moderados.

En Alepo, según la ONU, han muerto alrededor de 12.000 personas, en su mayoría civiles, de los más de 320.000 muertos que cuenta esta guerra desde que empezó en marzo del 2011 y en la que Occidente ha visto impotente cómo la alianza de Vladimir Putin y Al Asad terminó imponiendo las condiciones con su política de tierra arrasada y sin ninguna contemplación por cualquier atisbo de derechos humanos.

Alepo es la gran derrota de la humanidad en lo que va corrido del siglo XXI y la enorme mancha que les queda a las grandes potencias, cuyo fracaso se palpa en los más de 6,6 millones de desplazados internos, en la caída de la esperanza de vida de 75,9 a 55,7 años y en la desintegración de un país que, si esta guerra algún día se acaba, difícilmente volverá a ser lo que fue. Que alguien se apiade.editorial@eltiempo.com

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