Editorial: A cerrar las brechas

Editorial: A cerrar las brechas

La ENDS es una hoja de ruta por excelencia para avanzar hacia una sociedad más incluyente.

12 de diciembre 2016 , 08:02 p.m.

Que Colombia registre por primera vez en 20 años que el embarazo en adolescentes empieza a ceder en su preocupante tendencia creciente no es un dato menor. Como tampoco saber, cifras en mano, que la mortalidad infantil también se ha reducido y que la cobertura en salud es casi universal.

Esto se ha conocido gracias a la radiografía más importante que en materia de demografía y salud hace el país cada cinco años desde hace tres décadas: la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS).

Su sexta edición, revelada este lunes por el Ministerio de Salud y Profamilia, deja ver, con el rigor que dan 44.614 encuestas a hogares y más de 73.000 entrevistas personales, que la transición demográfica que se intuía –la cual muestra una población con tendencia a envejecer– es real y tiene fundamentos concretos.

De hecho, la reducción de la tasa de fecundidad –que en 1964 era de siete hijos por cada mujer y hoy solo es de dos–, además de una tendencia decreciente en el tamaño de los hogares –cada vez más unipersonales– son factores que condicionan la vertiginosa inversión de la pirámide poblacional, lo que exige de los hacedores de políticas sociales algo más que una mirada curiosa.

Y esa atención tampoco puede dejar pasar el hecho de saber que tanto hombres como mujeres inician sus relaciones sexuales cada vez más temprano, al punto de que esta práctica por debajo de los 18 años tiende a ser casi la norma, con lo que se aumenta la exposición a riesgos como las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados. Para la muestra está que más de la mitad de los niños que nacen en el país son no deseados. Esto contrasta, paradójicamente, con la altísima cobertura en salud y la amplia disponibilidad de métodos anticonceptivos en los planes de salud.

Es de gran valor, por otro lado, que la encuesta incluya por primera vez aspectos ligados a los roles e identidades de género y a la orientación sexual de los entrevistados, porque este mapa muestra la subvaloración de las mujeres en un contexto que desborda lo cultural y se ubica en contra de ellas en los campos laboral, educativo y social. No en vano, de manera vergonzosa también se aprecia una legitimación de la violencia hacia la mujer.

Lo anterior es apenas una muestra deshilvanada de la riqueza informativa que tiene la encuesta, la cual es además generosa en recomendaciones para abordar de manera técnica las evidentes brechas que pueden diluirse al tenor de los promedios. Aquí no puede haber equivocaciones. Si bien es hora de resaltar la mejora de algunos indicadores, también es el momento de reflexionar a partir de estos para que, con la mira puesta en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con los que el país se ha comprometido, tengan como arranque este insumo.

Aunque ello compromete al Ministerio de Salud, hay que ser claros en que esta herramienta deben analizarla todos los sectores involucrados en lo social no solo desde el campo público, sino también desde lo privado. La ENDS 2015 nos pone una tarea a todos y exige que se empiece por conocerla y comprenderla en toda su extensión.

editorial@eltiempo.com

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