Mayo 8 de 2008
Preguntas para la Feria
La Feria del Libro de Bogotá ha sido proclamada nuevamente como un éxito por sus organizadores: casi 400.000 visitantes, taquilla récord, ventas de libros al detal que pueden rondar los 10.000 millones de pesos y citas de negocios con compradores internacionales por 28,5 millones de dólares. Sin embargo, estas cifras no son necesariamente medida de éxito de un evento de este tipo, y no son pocas las preguntas que quedan por resolver para garantizar que la Feria logre un respetable estatus internacional.
Sin duda, es un evento cultural de referencia para la capital. Durante 21 años, ha atraído a cada vez más gente que no tiene contacto regular con los libros y allí los hojea, los lee y los compra. Son de destacar los avances en la programación académica: los congresos de lectura y de bibliotecarios de Fundalectura, el congreso internacional de libreros del Cerlalc, los congresos de derechos de autor y de editores o el de 'Nuevos cronistas de Indias'. Las editoriales traen grandes, medianos y pequeños autores para todos los públicos.
Pero medir el éxito en visitantes puede ir en contra de estos mismos. Son miles los colegiales que llegan sin un plan de trabajo que, además de contarlos y dejarlos felices por capar clase, los acerque al libro (los pabellones infantil y juvenil solo atienden a una parte). Y no pocos de los metros cuadrados de exhibición son para productos distintos del libro y la lectura.
¿Son claros los lineamientos para el "país invitado de honor"?
Llegan y montan una discreta escenografía, con escasa presencia editorial. Así ocurrió con Japón (por otra parte, muy solidario con el Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas y regaló este año un bibliobús al Distrito), así con China, Perú y Holanda. No es justo con el público, ni efectivo para promover el libro y la lectura de otras culturas. Hubo novedades editoriales y se vieron las ediciones universitarias, que poco circulan comercialmente, pero la Feria como tal no trajo (ni trae, en general) una gran novedad, de impacto. Con contadas excepciones, faltaron autores o libros de primer nivel. Y los saldos (libros en rebaja) espantan al público profesional y generan una feria de parque, para ventas al detal, no una internacional.
La Feria es una gran librería, visitada entre semana por los colegiales y el público que llega en las tardes a los auditorios de programación cultural (no pocos, pensados para exponer carros o ganado, son desangelados, incómodos y tienen fallas de iluminación y sonido) y, el fin de semana, por familias y adeptos.
Hay dos cabezas muy disímiles: Corferias, cuyo negocio es vender metros cuadrados a expositores, boletería al público y concesiones, que van de restaurantes a emboladores; y la Cámara Colombiana del Libro, que tiene en la Feria su principal actividad. Faltan una cabeza administrativa y un equipo que se ocupen del evento todo el año.
La cuestión de fondo es que, si se quiere seguir llamando Feria Internacional del Libro, no puede limitarse a ser una librería temporal de lo que circula en el país. Debe crear un mercado internacional -que tiene ya seria competencia de Guadalajara y Buenos Aires-. ¿Se entrevista a los compradores internacionales al final, para compilar las cifras de negocios? ¿Qué tiene la Feria de Bogotá que la haga escala obligada para el mercado internacional del libro, no solo para el andino? ¿El cambio de fecha -la próxima será en agosto del 2009-, además de traer más público, servirá a ese fin o desanimará a editores y libreros de fuera, que optaban por un solo viaje con dos paradas, en Bogotá y Buenos Aires? Nuestra querida Feria del Libro enfrenta no pocos desafíos.