Una tragicomedia incipiente

Una tragicomedia incipiente

Todo es muy confuso; no hay cómo vaticinar lo que va a ocurrir en las elecciones del año entrante.

15 de noviembre 2017 , 12:00 a.m.

Es difícil asistir en estas fechas a un evento en el cual no se haga alusión al panorama político. En comidas, reuniones de trabajo, cumpleaños, foros académicos, cocteles o lanzamientos de libros, resulta inevitable hacer cábalas sobre lo que puede suceder en las próximas elecciones presidenciales.

En semanas y días recientes he participado en numerosas conversaciones y encuentros en los cuales la pregunta más recurrente es qué diablos va a pasar con este país, en medio de un ambiente enrarecido por las pugnas partidistas y personalistas, los escándalos de corrupción, los baches de la economía y la vagabundería del Congreso, que tiene a la JEP en cuidados intensivos.

Quizás muchas personas creen que quienes nos movemos en los medios tenemos más información o mejores elementos de juicio sobre ese panorama que desde afuera se ve tan confuso. Pero la verdad es que, al hablar con colegas de diversos periódicos, blogs, portales de noticias, programas de televisión o espacios de radio, la conclusión es que nosotros tampoco tenemos ninguna certeza de lo que puede ocurrir; nadie se atreve a hacer un pronóstico a estas alturas del partido. No hay cómo.

Al fin y al cabo, la gente no traga entero y el exvicepresidente pseudoindependiente no solo no ha podido limpiarse las salpicaduras de la corrupción de Cambio Radical.

Por supuesto, yo tampoco tengo idea de qué va a pasar ni podría vaticinar quién va a ser el próximo presidente, cuestión que inquieta por doquier. De lo que sí puedo hablar es de algunos candidatos y candidaturas –para la primera vuelta– a la luz de hoy.

Empecemos por la Alianza Verde, donde nada cuaja y cada quien sigue por su lado. Aunque Claudia López y Fajardo registran muy bien en las encuestas, la participación de Robledo ha sido aprovechada por los malquerientes del exgobernador de Antioquia para propagar el infundio de que se volvió comunista, cosa a todas luces ridícula: si Fajardo es comunista, yo soy astronauta. En todo caso, insisto, yo no veo a estos dos caballeros poniéndose de acuerdo para armar un modelo de país: tienen dos concepciones muy distintas de la política, de la economía y de la sociedad; y la bandera contra la corrupción –única que ambos comparten– no es suficiente para armar una propuesta política. No sé si Fajardo se metió en esa vacaloca por inseguridad o por solidaridad, pero lo cierto es que hace rato tiene un capital político suficiente para valerse por sí mismo.

A su vez, a Vargas Lleras le ha ido menos bien de lo que calculaba, pese a lo bonachones que han sido los medios con él, al dedicarle generosos espacios en dóciles entrevistas. Al fin y al cabo, la gente no traga entero y el exvicepresidente pseudoindependiente no solo no ha podido limpiarse las salpicaduras de la corrupción de Cambio Radical, sino que su estrecha relación con el Fiscal General, que parecía una ventaja, se le está convirtiendo en un lastre.

Por su parte, Uribe sigue muy encartado con sus cinco enanitos y esta es la hora en que en el Centro Democrático no saben cómo ni cuándo van a escoger candidato. La ventaja del que diga Uribe es que arranca con un capital de unos tres millones de votos y aunque Iván Duque es el más popular, a este senador todavía le faltan muchas horas de vuelo para aterrizar en la presidencia. A mí no me sorprendería que al final la balanza se inclinara por Trujillo, o incluso Guerra. Paloma está más biche que Duque; y Rafico –que ya sabe traer la pelota, sentarse, dar la mano y batir la cola– tiene un rabo de paja untado de ‘mermelada’.

Del Partido Liberal no es mucho lo que puede decirse, excepto que es el colmo que dos dirigentes como De la Calle y Cristo, que son casi compadres, no hayan sido capaces de ponerse de acuerdo para definir una candidatura sin recurrir a una consulta tan insulsa y tan costosa.

De otros partidos y candidatos –incluidos Petro, Marta Lucía, Pearl o Pinzón– hablaremos más adelante. La tragicomedia de 2018 apenas empieza.

VLADDO

Columnistas

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