Lecciones callejeras

Lecciones callejeras

Ante la falta de argumentos, muchos tienen que acudir a la violencia verbal o física.

27 de junio 2018 , 11:48 a.m.

Una tarde, hace unos años, mientras paseaba con mi mascota Lina por una calle del barrio, pasé frente a un señor que iba a salir de su parqueadero en contravía. Sin pensarlo dos veces –y de manera casi suicida, lo admito– me planté frente a su flamante 4 × 4 para obstruirle el paso, pero dejándole la vía libre para que tomara la calle en el sentido correcto. (Literalmente hablando, yo solo quería apartarlo del mal camino; pero a él no le gustó la idea).

No le dije nada ofensivo. Solo me le atravesé y en tono firme, pero tranquilo, solo le hice un reclamo: “¡Qué pena, pero va en contravía! Si los mismos vecinos no respetamos las normas en nuestro barrio, estamos fritos...”. Ni corto ni perezoso, el conductor empezó a gritarme y a vociferar como loco e hizo el amague de acelerar, como para atropellarme, pero al final se contuvo; quizás atemorizado por las tres o cuatro personas que desde las aceras observaban la escena, pero sin musitar palabra. Nadie hizo ni dijo nada; solo nos miraban a mí y a mi peluda cocker spaniel, ya echada sobre el asfalto sin entender lo que ocurría.

Los minutos pasaban, y mientras yo permanecía inmóvil y en silencio en mi lugar, el dueño de la camioneta no hacía más que manotear y alzar la voz. Ya medio desesperado, en una actitud un poco cínica, el conductor de marras me espetó: “¿Qué trabajo le cuesta quitarse de ahí? ¿No se da cuenta de que personas como usted son las que instigan la violencia?”. Al oírlo sentí ganas de reírme, pero me abstuve de hacerlo para no irritarlo más. Transcurrió otro rato, y como no me moví ni un milímetro y me mantuve imperturbable en mi solitario ejercicio de resistencia pasiva, el tipo se dio por vencido, giró bruscamente el timón y arrancó haciendo chirriar las llantas y lanzando al aire palabras ininteligibles, pero que en todo caso no parecían piropos.

Es lamentable la falta de civismo combinada con la ausencia de orden y control, todo el mundo se pasa por la faja las normas de tránsito, sin que las autoridades tomen cartas en el asunto.

Reconozco que esa no fue una acción muy prudente de mi parte, ni era la primera vez que hacía algo así. De hecho, unos meses antes, en la misma calle, también le impedí el paso a otro carro de alta gama y con placa diplomática que trató de subir en contravía. En ambos casos actué movido por la indignación que me produce la falta de civismo, combinada con la ausencia de orden y control en Bogotá, donde todo el mundo estaciona donde le da la gana y se pasa por la faja las normas de tránsito, sin que las autoridades tomen cartas en el asunto.

Sin embargo, de esas anécdotas me quedaron algunas lecciones. Una: hay quienes relativizan sus faltas, porque creen que es válido violar las leyes un poco. Muchos de esos creen que meterse media cuadra en contravía no es grave ni peligroso. Es como robar poquito, hacer trampa solo de vez en cuando o meter licor a un estadio, camuflado en unos binoculares falsos. ¡Vaya viveza! Dos: ante la falta de argumentos, algunos no tienen más remedio que acudir a la violencia verbal o física. Y tres: es muy triste ver la falta de solidaridad ciudadana. A nadie se le ocurrió intervenir, ni siquiera para llamar a la policía.

Después de repasar las cosas con cabeza fría, concluí que no era muy recomendable exponerse a terminar atropellado por un energúmeno que no entienda razones; así que nunca volví a hacer algo parecido. Y, a pesar de las reiteradas quejas con la policía del sector, los carros siguen circulando en contravía, ante la mirada impotente del vecindario; situación que no debe de ser exclusiva de mi barrio.

* * *

Colofón. A propósito de contravía, hay que destacar la reacción de la vicepresidenta electa, Marta Lucía Ramírez, quien con toda vehemencia rechazó el madrazo del senador Alfredo Ramos contra la senadora Claudia López; gesto que no tuvieron varios congresistas del Centro Democrático que, por el contrario, trataron de justificarlo.

VLADDO

Columnistas

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