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Un rompecabezas llamado Fidel

Viernes 9 de diciembre de 2016
Columnistas
Vladdo

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Un rompecabezas llamado Fidel

Los pasos iniciales de Fidel fueron los correctos, pero después se desvió en los vericuetos de la soberbia, el mesianismo, la represión y el autoritarismo.

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Tengo que empezar estas líneas aclarando sin matices que si yo viviera en Cuba no podría escribir este artículo. O, si lo escribiera y lograra evadir la persecución oficial, no tendría dónde publicarlo. Así de simple y así de tremenda es la situación de los periodistas y de la prensa en esa isla que sigue sumida en el duelo tras el fallecimiento de quien fuera el líder supremo por más de medio siglo.

Tras la muerte de Fidel, la opinión sobre la figura del líder de la Revolución cubana genera siempre reacciones encontradas; algunas de ellas muy apasionadas y radicales. No faltan los románticos empedernidos que ven en él a un ídolo al que respetan por sobre todas las cosas y lo tienen como ídolo, salvador o héroe. En el polo opuesto, sus detractores –que no son pocos– no lo bajan de dictador, asesino y opresor.

El problema, al hablar de Fidel, es que él tenía un poco de todo eso; pero era mucho más que eso. Era un autoritario, sí, pero también un seductor; era un hombre sencillo y además un gran orador histriónico; era un megalómano y a la vez un visionario; era un cínico y también un estadista; era un calculador a la par que un gozón; era un bohemio y un gran trabajador.

No está de más reiterar que no comulgo con las dictaduras ni los déspotas de ninguna tendencia ni de ningún color: no me gustaban Pinochet, ni Fidel ni Chávez. Así como tampoco me simpatizan sátrapas del corte de Rafael Correa, Nicolás Maduro o Daniel Ortega, quienes son alérgicos a la crítica y no toleran que en Ecuador, Venezuela o Nicaragua se divulgue ni siquiera la mitad de lo que se dice en este periódico, en nuestra televisión o en nuestras emisoras de radio. Y ni hablar de la publicación de columnas de opinión, caricaturas o reportajes que cuestionen sus gobiernos... En últimas, con todos los defectos que pueden tener los medios colombianos, al menos la audiencia cuenta con opciones, cosa que no pueden decir por esos lares.

Dicho lo anterior, y volviendo a Cuba, es innegable que ese pequeño país es el más desarrollado de América Latina en temas como salud o educación; cosa muy meritoria, si se tiene en cuenta la modestia de sus recursos.

Desde luego, es inaceptable que allá el Gobierno restrinja la libertad y que haya prisioneros políticos; pero no olvidemos que en otros países –como Colombia, para no ir tan lejos– a los opositores los acosan, los persiguen o los aniquilan, tal y como ocurrió con los miles de militantes de la Unión Patriótica, o como está pasando ahora con varios líderes sociales, que han sido asesinados o amenazados. ¡Y eso que vivimos en democracia!

Es muy fácil criticar los fusilamientos, los destierros y los juicios sumarios en Cuba; pero con miles de ejecuciones extrajudiciales a cuestas, no somos los más indicados para señalar la paja en el ojo ajeno. Y así como este hay muchos otros ejemplos, en temas de miseria, de desnutrición, de narcotráfico, etcétera.

Yo creo que los pasos iniciales de Fidel y sus muchachos fueron los correctos, pero después se desviaron en los vericuetos de la soberbia, la represión, la ineptitud y la tiranía. Desgraciadamente.

No obstante, a pesar de sus numerosos errores y defectos, a mí me pareció ofensivo ver las calles llenas de cubanos en la Pequeña Habana festejando como en un carnaval la muerte del Comandante. Y más patéticas aún me resultan por acá las declaraciones de muchos que se las dan de piadosos, católicos y defensores de la vida, olvidando cualquier sentimiento cristiano de misericordia...

En fin, es muy pronto para hacer un balance definitivo de la figura y el legado de Fidel Castro. Sin embargo, lo que sí es claro es que es uno de los personajes más complejos y emblemáticos de la historia y la política latinoamericanas del siglo 20.

@Vladdo

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