¡Perdimos el año! ¡Ganemos el año!

¡Perdimos el año! ¡Ganemos el año!

¿Qué medidas tomarán el Gobierno, la sociedad, la empresa privada y cada uno de nosotros para cambiar el panorama de violencia contra la niñez en Colombia?

29 de diciembre 2016 , 05:20 p.m.

Debemos hacer que las cosas sucedan, desearlas, ponerlas en la agenda, estudiarlas, meditarlas, planearlas y ejecutarlas. Esto es verdad para todos los propósitos personales que nos fijemos al finalizar el año. Pero es más válido aún frente a una tarea urgente del 2017, ya que en el 2016 perdimos el año: la violencia de género y la violencia sexual contra nuestra niñez, y en especial niñas, quienes representan más del 90 % de las víctimas de estos delitos.

Qué medidas tomarán el Gobierno, la sociedad, la empresa privada y cada uno de nosotros para cambiar el panorama de violencia contra la niñez en Colombia, que nos tiene arrugada el alma a todos y destrozada la vida de estos seres indefensos que solo deberían recibir de nosotros amor y cuidados. No basta con tatuarse o adornarse con símbolos de paz en las espaldas… ¿Cuál es la agenda? Lo demás es vitrina.

En noviembre, pocos días antes de que ocurriera el atroz crimen cometido en Bogotá contra Yuliana Samboní, violada y asesinada a sus 7 años, yo escribí en esta columna: “Colombia vive una emergencia social reflejada en las cifras de violencia contra la mujer y la niñez. Es obligación del Estado declarar esta emergencia y enfrentarla ya”. Yo me atrevería a decir que este texto pasó de largo. Pero a los 10 días vino el asesinato de esta criatura, y el país convulsionó. Lo de siempre: los llamados de prevención no funcionan y sí los titulares mediáticos.

Pero esta vez, como algo positivo en medio del dolor, toda la prensa presentó en cifras una realidad que nos avergüenza y obliga a actuar: EL TIEMPO reportó que cada año en Colombia hay más de 19.000 casos de violencia sexual contra las mujeres y que, solo en Bogotá, entre noviembre y septiembre de este año, se revelaron 2.734 casos, mientras en Medellín, cada día, 7 mujeres son víctimas de delitos sexuales y el 55 % de los municipios incumplen programas de eliminación de violencia contra las mujeres. Algo más, se denunciaron las canciones que rebajan a la mujer a la condición de objeto –caso Maluma– y que las emisoras difunden y la sociedad repite sin pudor. De verdad, ¡es una desgracia tanta insensatez! ¿Por qué una sociedad permite esto? ¿Por qué las jóvenes no protestan en la plaza pública? ¿Qué estamos haciendo las mamás, que no les abrimos los ojos?

Después del caso de Yuliana, el Ministerio de Salud y Profamilia publicaron el detallado y riguroso informe que divulgan cada cinco años sobre demografía y salud como insumo para políticas públicas, y allí aparecieron estadísticas que nos obligan a detenernos y tomar medidas extremas: el 23 % de las mujeres de 13 a 49 años alguna vez ha sido víctima de intimidación por parte de su pareja, y el 31,9 % de mujeres entre 13 y 49 años ha sido víctima de violencia física por parte de su pareja. La encuesta mostró que todavía un 31,9 % de las mujeres y un 36,8 % de los hombres creen que el papel más importante de la mujer es cuidar su casa y cocinar para la familia. ¡Y muchos de ambos sexos creen que ellas deben aguantar lo que sea para mantener unida a la familia!

¿Qué hacer? El Gobierno debería declarar una ‘emergencia yuliánica’, así, con nombre propio, para recordarnos que hay que intervenir la cultura; incrementar la educación sexual en los colegios, donde se ataquen los estereotipos machistas; sacar a la luz pública las costumbres incestuosas de muchas poblaciones y castigar de manera ejemplar a los violadores de niños y niñas; realizar campañas públicas explícitas para decirles a hombres y mujeres que es un delito mayor tocar, manosear, acceder carnalmente a una niña o adolescente; publicar en todas partes las penas relacionadas con estos delitos; educar a las madres de familia para que entiendan que no es verdad lo que les han enseñado, en el sentido de que ellas son una posesión de su marido; informar cómo denunciar la violencia intrafamiliar; asignar presupuestos jugosos para hogares de protección; revolcar el ICBF para que cumpla su tarea, en lugar de actuar como enemigo de las ONG que tratan de suplir la tarea del Estado atendiendo niños vulnerables. El ICBF agota pidiendo informes y ellos mismos hacen mal su tarea.

Es urgente que las facultades de medicina incrementen su educación en género, con el fin de que en los consultorios y en las salas de parto se respete la dignidad de la mujer que da a luz; las facultades de derecho deben tener cátedras sobre equidad de género para que no se sigan emitiendo fallos machistas que perpetúan los problemas. ¡Qué tal la Corte Suprema de Justicia aceptando la laxa justicia de los indígenas para sus violadores de niños y niñas! Si a ustedes, magistrados, les violan a sus hijas, ¿quedarían tranquilos con el simple látigo a los abusadores? ¿Entonces? Ese fallo es una afrenta contra las niñas indígenas.

En síntesis, todo está por hacer y todo hay que hacerlo con urgencia, porque en esta violencia se encuentra la génesis de muchos de nuestros problemas. Que el Gobierno haga algo más efectivo que escurrir a la clase media con IVA e impuestos, mientras ministricos como Cárdenas Gutiérrez siguen cometiendo barbaridades y luego se atreven a declararlos presidenciables. ¡Me duele mi país!

Sonia Gómez Gómez

Columnistas

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