Impuesto a las gaseosas, una falacia

Impuesto a las gaseosas, una falacia

Cuando se impacta con impuestos el consumo de bebidas gaseosas se está castigando una industria que tradicionalmente ha apoyado la recreación, la cultura, el deporte y a los deportistas.

01 de noviembre 2016 , 06:58 p.m.

“Más impuestos para el pobre” es lo que suelen responder en la calle a quienes se les pregunta desprevenidamente sobre el controvertido impuesto a las bebidas azucaradas que se pretende implantar con la próxima reforma tributaria de este gobierno. Y es que, así se les adjudique a estos productos ser una causa de la obesidad en la población, las gaseosas hacen parte de la canasta familiar en los hogares de todos los sectores económicos.

Las razones de quienes afirman que se busca impactar la salud eliminando azúcares de la dieta son tan frágiles y engañosas que se van al suelo con el solo hecho de pararse delante de una tienda escolar y observar el variado menú de dulces de toda índole. La industria de bebidas en Colombia ha tomado acciones de autorregulación importantes (sacar las bebidas azucaradas de los colegios, ser más claros en la comunicación de los contenidos de ingredientes de los productos con normas de etiquetado), pero esto no ha significado nada para el Gobierno y es un esfuerzo de responsabilidad social verdaderamente ejemplar.

A partir de enero del 2017 por compromisos de autocontrol de la industria de bebidas, en los colegios los menores de edad no podrán conseguir gaseosas, pero podrán comprar los dulces que quieran. ¿Qué piensa el Ministerio de Salud de eso? ¿Solo las bebidas son las culpables de todos los males de salud? ¿No será mejor el sedentarismo el causante de muchos de los problemas?

La mala educación en la dieta de los colombianos pasa por las carnicerías, las panaderías, los calderos con papas fritas en hogares y negocios; el rechazo a los humildes pero muy nutritivos garbanzos y lentejas, por el odio de los jóvenes a las verduras y la ausencia de frutas en las neveras, que sí deberían y no son el grueso de la alimentación cotidiana. ¿Contra eso qué medida efectiva ha tomado el Gobierno? No, eso no se hace; es más fácil castigar las gaseosas que fomentar el deporte o educar sobre cómo tener una dieta equilibrada, que tenga de todo un poco en las proporciones correctas.

Y he aquí otra razón que vale la pena tener en cuenta si de salud y deporte se trata. Cuando se impacta con impuestos el consumo de bebidas gaseosas se está castigando una industria que tradicionalmente ha apoyado la recreación, la cultura, el deporte y a los deportistas. Al respecto basta mirar las camisetas de nuestros jugadores en las grandes ligas para entender de qué estamos hablando. La Federación Colombiana de Fútbol, las federaciones de ciclismo y patinaje, los grandes eventos y hasta en los más sencillos actos escolares tienen que ver empresas que hoy se las quiere mostrar como las dañinas del paseo. ¿Para enfrentar el impuesto a sus productos reducirán su apoyo al deporte y la cultura? ¿Ha habido reuniones previas del Gobierno con ellas para estudiar las consecuencias de este impuesto o están dejando que se vengan las dinámicas de favores y ‘mermeladas’ en el Congreso? ¿O el Gobierno que negocia con las Farc no puede dialogar con ellas que sí han construido país?

Según Santiago López, director de la Cámara de la Industria de Bebidas de la Asociación Nacional de Empresarios (Andi), serían más las consecuencias negativas que las positivas de ese recaudo que llegaría –según sus cifras– a $ 700.000 y no a 2 billones como dice el Gobierno. Lo más inquietante es que llevaría a una disminución en el recaudo de otros gravámenes importantes para la Nación, afectaría a los minoristas y a los hogares más pobres. ¿Qué pasa si la industria de bebidas comienza a bajar el azúcar en las fórmulas y a reducir la base gravable y no se recoge lo que se quiere? ¿Buscarán más impuestos a otros productos? ¿De pronto al huevo, al café, a la leche?

Es un hecho que Colombia está en mora de abordar de manera integral los retos de la salud pública que tienen origen multicausal, pero eso no se debe hacer con medidas discriminatorias para una industria. Se sabe por ejemplo que en México después de cuatro años de haberse implementado dicho impuesto a las bebidas azucaradas no ha disminuido su consumo y por el contrario sigue subiendo. El impuesto en Ecuador ha afectado a esta industria y a los tenderos de niveles socioeconómicos bajos. ¿Qué va a pasar en Colombia con los empleos perdidos y la reducción de inversión en diferentes frentes como consecuencia de un impuesto que supuestamente va a mejorar la salud?

En todo caso, me queda claro que esta nueva salida del Gobierno se parece a muchas otras que han sido falacias y que nos han hecho un daño irreparable como lo fue la venta de Isagén y que solo han servido para causar más pobreza y más descontento. Lamentablemente no se escucha, hay arrogancia y es allí donde aparecen situaciones extremas como el reciente ‘No’ a los acuerdos de La Habana. Los errores hay que corregirlos a tiempo.


Sonia Gómez Gómez

Columnistas

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