De chimpancés y colas de elefantes

De chimpancés y colas de elefantes

Las especies en peligro de extinción están más desprotegidas que nunca en el gobierno de Trump.

13 de julio 2018 , 12:00 a.m.

Observar la fotografía de un hijo del presidente de los Estados Unidos de caza en África, con la cola de un elefante en su mano, una navaja en la otra y el animal muerto a sus pies, es la imagen más patética de la bofetada que está dando al planeta la llamada ‘nación más poderosa del mundo’. Con esa misma foto se podrían organizar marchas en ese país y en el mundo entero para denunciar y detener decisiones que Trump está tomando y que son una vergüenza para el mundo civilizado en materia ambiental.

Trump, aficionado a la caza igual que varios de sus hijos, reautorizó a los cazadores estadounidenses a importar sus trofeos de elefantes muertos en África. El Servicio de Pesca y Fauna Salvaje (USFWS) anunció sin ninguna vergüenza en su sitio web que “emitirá licencias para importar trofeos de elefantes cazados con fines recreativos en Zimbabue desde el 21 de enero del 2016 hasta el 31 de diciembre del 2018”. Esto mientras ya son abatidos 100 elefantes todos los días, según The Elephant Project.

La prohibición había sido impuesta por el expresidente Obama. Ahora el consejo encargado de asistir al gobierno de Trump en asuntos relacionados con la conservación de la vida salvaje es dirigido por un magnate del carbón, célebre por los animales salvajes disecados que adornan su mansión, y tiene entre sus miembros al presidente del Safari Club International y a defensores del derecho constitucional al porte de armas. ¿Qué más se puede esperar entonces?

Es una hora negra para el planeta. La segunda nación que más emite CO2 —después de China— no suscribió las referencias del texto a la lucha contra el cambio climático.

Es una hora negra para el planeta. La segunda nación que más emite CO2 —después de China— no suscribió, en la reunión del G7 en Canadá la semana pasada, las referencias del texto a la lucha contra el cambio climático y en 2017 se retiró del Acuerdo de París sobre este tema, dando una bofetada a los más de 190 países que lo firmaron. Obama había prometido reducir las emisiones de EE. UU. entre un 26 y 28 por ciento para 2025 respecto a los niveles del 2005. Pero las medidas que puso en marcha ya han sido frenadas por el actual gobierno norteamericano.

“¡Actuar localmente y pensar globalmente!” sigue siendo la consigna para cada ciudadano del mundo en materia ambiental y está más vigente que nunca ante la insensatez de algunos dirigentes. Con esa consigna, desde esta columna acojo hoy el llamado del Proyecto Gran Simio, que desde España protesta por la celebración este 14 de julio del Día Mundial del Chimpancé, promovida, entre otros, por zoológicos y acuarios de alto reconocimiento. “Esta es una cortina de humo; a las familias de los grandes simios se las mata para robar a los más jóvenes y llevarlos cautivos para el disfrute y el negocio de estos centros”, afirma este organismo, y estima que debería celebrarse un día mundial de los grandes simios no humanos (bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes), ya que de lo contrario parece que se intenta dividir a las citadas especies sin ningún sentido, desviando la atención principal de la pérdida de biodiversidad que es común a todas ellas y no solo al hábitat del chimpancé.

El abril pasado, la WWF dio a conocer una investigación de una década en África ecuatorial en población de gorilas y chimpancés, donde se encontraron más ejemplares de lo que se esperaba; pero, lamentablemente, el 80 por ciento están fuera de las áreas protegidas, “lo que implica —dijo la WWF— que los grandes simios de África y Asia están amenazados por la caza furtiva y su preservación no puede darse por sentada a largo plazo”, y menos —agrego yo— cuando partes de sus cuerpos mutilados pueden llegar sin problema a la Casa Blanca y a las calles de la Gran Manzana. Colombia no es tierra de grandes simios, pero muchos otros, 38 especies, también primates como ellos, habitan nuestro territorio y están en peligro de extinción por la cacería y el tráfico de fauna. Pero ¿qué tanto nos importa ver un tití cabeciblanco en cautiverio? ¿Qué tanto hacemos por evitarlo?

Necesitamos que el tema ambiental nos importe a todos y lograr que sea prioridad en la agenda del nuevo gobierno de Colombia, sin olvidar que esta prioridad debe ser individual, local y colectiva.

SONIA GÓMEZ GÓMEZ

Columnistas

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