Paralelo a los rescates de bancos, aseguradoras y fábricas de automóviles que los contribuyentes debemos aceptar para subsanar sus malos manejos, la administración de Barack Obama ha propuesto y el Congreso ha aprobado el gasto de unos 800.000 millones de dólares, cuyo propósito es estimular la economía y generar empleo.
A pesar de las desmesuradas objeciones de los sectores más conservadores del Congreso y del país, en el paquete se han incluido 50 millones para la agencia que administra el principal programa de estímulo a las artes del país, el National Endowment for the Arts.
"Al gobierno -han dicho los más desvergonzados- le corresponde proteger a los ciudadanos de los enemigos externos y los criminales internos; mantener las carreteras, las escuelas y la red de seguridad social". Sin percatarse de que es la nación la que necesita del arte, muestran su desconocimiento de la historia patria proclamando que "el arte no necesita ni el dinero ni la guía del gobierno."
En 1933, cuando Franklin Delano Roosevelt delineaba los principales componentes del programa de estímulo económico que sería conocido como el Nuevo Trato, George Biddel, un compañero de escuela secundaria del presidente, y quien había estudiado pintura con Diego Rivera, le sugirió que incluyera programas que no sólo generarían empleo sino que impulsarían el desarrollo cultural del país.
La idea floreció porque para estos dos espíritus renacentistas, la cultura era parte integral de la vida y no una entidad ajena y separada. La primera sugerencia concreta de Biddel fue que se contratara a un grupo de artistas para que pintaran un mural en el Departamento de Justicia en Washington D.C. Con el mural, explicaba Biddel, no sólo se embellecería el edificio sino que se le daría un impulso vital al arte público socialmente comprometido y, al replicarse el modelo por toda la nación, se generarían innumerables fuentes de trabajo.
Así fue como nació el PWAP o Proyecto de Obras de Arte Público, en el que se formaron pintores como Jackson Pollock y Mark Rothko, que poco tiempo después descollarían como pilares fundamentales de un conjunto de artistas que transformaron a Estados Unidos en la capital del arte moderno y gestaron la supremacía de la Centuria Americana en las artes visuales. Con el patrocinio federal se crearon 100 centros de arte en 22 estados, con salones y talleres de clase y galerías de exhibición, a los que acudieron más de 8 millones de personas.
En su apogeo, el Proyecto Federal para la Música le dio empleo a más de 16.000 músicos, y con las orquestas que de este programa emanaron se dieron más de 5.000 conciertos a los que asistieron en promedio 3 millones de personas a la semana. Se calcula que 132.000 personas, en 27 estados, recibieron instrucción musical.
Algo semejante sucedió con el Programa Federal de Teatro, que llegó a emplear a 13.000 personas y en el que participaron grandes actores como Orson Welles, John Houseman, Burt Lancaster e inmensos directores de cine y teatro, como Joseph Losey, Nicholas Ray y Sidney Lumet. Y en el programa para escritores participaron escritores de la talla de Ralph Ellison, Studs Terkel y Saul Bellow.
Con una inversión de 50 millones al NEA, sería iluso pensar que se puede repetir el milagro del Nuevo Trato, pero algo bueno se hará. Lo imperdonable es que quienes protestan por esta bicoca son los mismos que abogan por que el país siga gastando 341 millones de dólares al día en la guerra en Irak.
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