Yuliana, con algo para decirle a Maluma

Yuliana, con algo para decirle a Maluma

Para mí existe un hilo conductor, subterráneo, invisible, entre las 'Cuatro babys' y la muerte de Yuliana Samboní.

19 de diciembre 2016 , 02:54 a.m.

¿Cuánto tiempo pasó entre el momento en que Maluma grabó con Ricky Martin el video de ‘Vente pa’ cá’ y el lanzamiento de ‘Cuatro babys’, su último éxito? ¿Un mes, dos meses?

La pregunta no es trivial porque, luego de haber hecho dúo con el boricua, a Maluma trataron de señalarlo de gay, y hasta de haber detonado un posible incidente de celos entre Ricky y su novio. Él decidió entonces aclarar que solo le gustan las “parceritas”, pero que los gais son chéveres, le caen bien y los respeta.

Hasta ahí, nada salido de la frivolidad habitual de las noticias de farándula. Lo malo vino después, cuando, quizá para no dejar resquicios de duda, el reguetonero paisa lanzó ‘Cuatro babys’. No sé si quería escandalizar para vender; no sé si en verdad estaba preocupado por el mal chisme que le quisieron montar; lo cierto es que ‘Cuatro babys’ es quizá la más ramplona, misógina y arbitraria obra musical que se haya escrito contra la mujer en no sé cuánto tiempo.

A diferencia de la inclinación tradicional del reguetón de arriesgar con el morbo, de sazonar las canciones con dosis pequeñas de sordidez tontarrona, esta última sí lastima, hiere, insulta. Y ni siquiera es por el lenguaje, que es un juego entre vulgaridad y folclor chabacano; tampoco por la arrogancia del macho de tener cuatro al tiempo que le exigen hacerlas feliz en la cama, ni por la pornografía casi explícita de algunos versos, sino porque en verdad degrada y envilece a la mujer y, una vez más, reedita, para vender música, esa idea maligna y peligrosa de que el sexo femenino es fundamentalmente un objeto, uno del que podemos disponer los varones cuando se nos dé la gana.

Es que decir, como dice Maluma, que “a las cuatro las pone en cuatro” tiene hasta una pretensión zoomorfizante: la hembra como bestia, como animal. Y cuando dice que una de ellas es la oficial, “porque tiene mis cuentas de banco y la Mastercard” refuerza aquel estereotipo que se volvió chiste sobre la propensión femenina a venderse e infantilizarse por asegurar la estabilidad y la buena vida, cuando no para espantar la soledad, pues tener macho propio es un premio; así deba aguantarse que haya otras tres, una de las cuales lo “enamora con su culote y su pelo rubio”, y ahí está la mujer fracturada en su psiquis, escindida en pedazos; la mujer que es tetas, o culo o vulva. No más. Pero también hay una pelinegra que “siempre quiere chichar”, y una pelirroja que “chichando es la que más se moja”. En fin.

Maluma no se inventó el machismo ni todas esas ideas perversas sobre la mujer, pero sí las está propagando en la red, en las emisoras, en los aparatos que reproducen esta infame canción. Y eso a Maluma debería preocuparlo, al menos un poco.

Yo no creo que un artista deba buscar la función social como objetivo central de su arte, ni dejar mensajes positivos como finalidad, ni construir tejido social, ni hacer patria, ni dejar el nombre de Colombia en alto, ni aleccionar, catequizar o adoctrinar. Tampoco creo que deba existir una correspondencia entre la genialidad (y con esto no digo que Maluma sea genio) y una vida privada ejemplarizante, aunque hubiera preferido no sentir repulsión por Diomedes y fascinación por muchos de sus vallenatos. Pero tampoco creo que cualquier cosa sea arte, y que por fungir como tal esté exenta de unos llamados de responsabilidad y una rendición de cuentas.

Y es que estos estereotipos que se repiten y se repiten, y se cantan y se recitan, y que hombres y mujeres terminan asumiendo como realidades, hacen miserables las vidas de millones de seres humanos, y no hablo solo de las 140 mujeres que son agredidas por sus compañeros cada día en Colombia, según Medicina Legal, ni de las 1.007 que fueron asesinadas en 2015 o de las 16.000 denuncias por violencia sexual contra ellas ese mismo año. Hablo de proyectos de vida que nunca florecen, o florecen a medias, o de existencias resignadas a la subordinación, a los sueños no muy ambiciosos, a dejar en otros las decisiones vitales porque la cultura decidió que era lo adecuado, lo tradicional, lo esperado. Hablo del infantilismo y la banalidad como estrategia de supervivencia. Y la civilización no ha podido cambiar estas aberraciones, y estribillos como los de Maluma no ayudan.

Para mí existe un hilo conductor, subterráneo, intangible, una causa más de las cien o las mil, entre las ‘Cuatro babys’ y la muerte de Yuliana Samboní a comienzos de diciembre, en ese espantoso episodio en el que un muchacho díscolo (así lo pintaron algunos medios) de 38 años y de muy buena familia, secuestró, torturó, violó y asesinó a una niña de siete.

No es fácil entender qué puede haber en el aparato mental y en la estructura moral de alguien tan depravado, o si es la historia más monstruosa del niño rico que ya todo lo hizo, que ya todo lo logró, y a quien solo le faltaba violar y matar a una indiecita. Y es que Yuliana cumplía con todas las características de la gente que a través de los siglos la ha pasado más mal en este país: era pobre, era india y encima era mujer. Era un gustico que se iba a dar Rafael, y finalmente las mujeres están ahí para complacer a los varones en sus gusticos.

Si no, pregúntenle a Maluma.

SERGIO OCAMPO MADRID

Columnistas

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