La 'Trumpada' a la inteligencia

La 'Trumpada' a la inteligencia

Los gringos desenmascararon su espíritu reaccionario y conservador, el que se oculta bajo tantas supuestas libertades.

11 de noviembre 2016 , 06:03 p.m.

Yo no creo que con el ascenso de Trump al poder se inicie la tercera guerra mundial. Algún rifirrafe tendrá con Putin, porque además se trata de dos sementales del mismo talante; y habrá más escaramuzas en el Medio Oriente, y tal vez un distanciamiento no muy grande de China, y tires y aflojes con la Unión Europea.

Tampoco creo que logre expulsar a los 11 millones de inmigrantes que prometió ni que construya la totalidad del muro en sus 3.185 kilómetros, por engorroso, por costosísimo y por inútil, pero sí habrá muritos en algunas partes (algo tendrá que mostrar) y sobre todo una enorme muralla mental hacia lo latino. También, hacia lo negro, lo musulmán, lo distinto.

Lo que sí creo es que se vienen dos cosas muy claras: un retorno al neoliberalismo más puro, al estilo Reagan, con la convicción de que hay que favorecer el interés de los ricos pues son el gran motor de la economía, y lo otro es un acostumbramiento, desde el próximo 20 de enero, a dosis muy altas de populismo, de chabacanería, show mediático para suscitar aplausos, y de declaraciones acaloradas que luego no se sostendrán o se irán diluyendo. También, el modelo autocrático de tomar decisiones por cuenta de un único hombre que desde la cuna creyó tener siempre la razón y la fuerza para imponer que el mundo girara como él creía que debía girar. Y vendrán tensiones con el Congreso y las Cortes, y los grupos de presión, que son numerosos en ese país.

Pero más allá de todo esto, que es casi evidente, hay varios mensajes para tener en cuenta y algunas lecciones para empezar a descifrar con los resultados de los comicios del martes en Estados Unidos:

1. Los gringos siguen siendo medularmente segregacionistas. La esperanza de una disminución del racismo que había significado el ascenso de Obama sufrió un portazo violento en la cara. El hecho mismo de que la sociedad se construya sobre conceptos de mayorías y minorías, y que los análisis electorales se hagan bajo los criterios de “blancos”, “latinos”, “asiáticos”, lo demuestra sin atenuantes.

2. Aquello de que son una nación de inmigrantes aplica, pero bajo los parámetros de la discriminación y las castas, o sea que vale más un irlandés que un hispano, y así deberá seguir. Lo del martes anterior es una reacción contundente de la mayoría blanca a esa amenaza de que latinos y negros se habían vuelto decisivos para dirimir el poder. El futuro muro (si es que lo construye) es en la frontera del sur, no en la del norte.

3. Los gringos desenmascararon su espíritu reaccionario y conservador, el que se oculta bajo tantas supuestas libertades, bajo la falacia de unas garantías absolutas al individualismo y la personalidad, bajo la mascarada del sexo fácil y la apertura mental. Lo del martes 8 de noviembre es un tatequieto al tan cacareado liberalismo de los últimos tiempos, un llamado a retornar a lo que ellos denominan su estilo de vida, que incluso tiene siglas: WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant).

4. En los gringos (y las gringas) sigue prevaleciendo una estructura anímica rotundamente patriarcal, aunque lo encubran y lo maticen, y por eso prefirieron la imagen del macho con actitud desafiante, tropelero, rico, voluntarioso, el clásico hombre ganador y exitoso que nos legó el siglo XX, sobre la imagen femenina de una mujer, ganadora y exitosa también pero políticamente correcta. Para las votantes, para las mujeres, no solo no importaron los indicios que lo señalaban como un deplorable macho en la tradición más clásica y estereotipada, con acusaciones de abuso concretas, sino que no tuvo significación de género, de avance histórico, la posibilidad de que una mujer llegara por primera vez a la Casa Blanca.

5. Pese a saber del racismo de Trump, los afroamericanos no pelearon por la conquista simbólica de hace ocho años, y asistieron con mucha pasividad a lo que puede significar, si no el comienzo de un retroceso, el estancamiento de una integración a la que todavía le falta mucho.

6. El populismo parecía ser un patrimonio del subdesarrollo, pero ahora vemos que es una presencia global, y los gringos acaban de estrenarse en él. Hoy, USA tiene su Chávez, uno gordo, rubicundo y de copete, pero cortado con la misma tijera de las megalomanías del venezolano. Esto revela que tener capacidad adquisitiva, enorme diversidad de oportunidades para comprar y vender, confort real y suntuario, tecnología para atisbar el mundo y conectarse, no asegura sociedades evolucionadas, cultas y con derroteros éticos claros. El capitalismo ha dejado esa deuda a la civilización y la realidad de unas pequeñísimas élites cultas, científicas, evolucionadas, gobernando a millones de borregos, ajenos al conocimiento, sometidos a punta de espectáculo, publicidad y televisión, y mansos gracias al espejismo del falso bienestar y la libertad para acumular y para presumir.

7. A pesar del inmenso montaje que han logrado vender al mundo como una colectividad de vanguardia, inteligente, informada, con cinco de las diez mejores universidades del mundo, medios de comunicación que son referente mundial, centenares de premios Nobel en todos los campos, los gringos en su conjunto siguen siendo una comunidad pastoril, parroquial, ignorante, pedestre, construida sobre miedos estructurales y necesitada del referente vital de los enemigos para reafirmar sus convicciones y su lugar en el mundo.

8. Nunca antes fue más justa y adecuada la significación del vocablo ‘gusanos’ para designar a las decenas de miles de cubanos anticastristas que viven cómodamente en Miami y Florida. Sin detenerse en una discusión acerca de lo legítimo o no de oponerse a un régimen claramente dictatorial y oprobioso como el de los chicos Castro, el paso arriesgado de Obama de levantar bloqueos y acercar a Cuba era un alivio para los habitantes de la isla y una oportunidad para una transición a la democracia en la tiranía más vieja del mundo. Trump prometió reversar todo eso, y entre unos miles y determinantes votantes latinos prevaleció el odio a los Castro sobre el evidente desprecio y futuros recelos y marginaciones para la comunidad hispana. Florida (junto a Carolina del Norte) de nuevo decidió esta elección. Qué gran ironía que ganara allí el candidato que arrancó campaña insultando a México y, por extensión, a todo el resto de la América mestiza y la que se cree no tan mestiza. El aspirante cuya propuesta inicial fue levantar un muro para alejar la peste latina.

9. Lo único que explica el absurdo triunfo de Trump en un país con instituciones que creíamos tan fuertes es que ya no se perciben tan fuertes, tan confiables, tan eficientes; entraron en crisis, y allí es donde reclaman su papel los mesías, los salvadores.

Sergio Ocampo Madrid

Columnistas

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