El laberinto de la industria del vicio

El laberinto de la industria del vicio

Las consecuencias de la legalización de la marihuana siguen siendo un misterio impredecible.

11 de julio 2017 , 12:00 a.m.

A unos meses de que entre en vigor la legalización de la marihuana para uso recreativo en California, las autoridades de Los Ángeles están preocupadas. Y con razón.

Hace 21 años se aprobó la legalización de la marihuana para uso medicinal en el estado, y los problemas de criminalidad que se han creado en las inmediaciones de los dispensarios que venden la droga no se han solucionado. Peor aún, se calcula que la transición de los expendios regulados localmente a la concesión de licencias y reglamentación estatal todavía tardará, por lo menos, dos años y medio más. Es decir, en California, un estado cuya riqueza lo colocaría como el séptimo país más rico del mundo, la implementación formal de la legalización de la marihuana habrá tomado, si bien nos va, un cuarto de siglo.

Pero no es la dilación en su implementación el único ejemplo del desolador desorden burocrático de las autoridades para hacer cumplir la ley. La trayectoria del estado (y de la nación entera) para controlar los expendios de venta de licor, por ejemplo, ha sido un desastre casi eterno. El robo, las riñas, las violaciones y la prostitución proliferan en su entorno, y las licorerías son culpables, en gran medida, del decaimiento social y económico del vecindario.

Para las autoridades federales, no hay diferencia entre un billete recaudado en un dispensario de marihuana legal en el estado y otro que un traficante de drogas le cobra a un consumidor en la calle

Por supuesto, los problemas que acosan a la industria del vicio no suceden solo en California. La experiencia del estado de Colorado a partir de la legalización de la droga en el 2012 también ha sido reveladora. Hoy, uno de cada 8 adultos fuma marihuana a diario; 5 por ciento de los estudiantes de secundaria también la fuman diariamente, el 6 por ciento de las mujeres embarazadas se drogaron durante el embarazo, y se calcula que por lo menos 16.000 niños están en riesgo de exposición al humo de la marihuana en sus hogares.

Tampoco se ve alentador el panorama en el estado de Washington. En el 17 por ciento de los accidentes automovilísticos mortales, el piloto del auto había consumido marihuana. Es decir, el doble de la estadística previa a la legalización. Y en el condado de Los Ángeles, por ejemplo, el número de accidentes mortales con conductores que dieron positivo en el uso de marihuana comenzaron a subir después de la legalización del cannabis ‘medicinal’ en 1996, aumentaron 360 por ciento del 2003 al 2004, mantuvieron una trayectoria ascendente hasta el 2008, disminuyeron un poco en el 2009 y volvieron a subir un 60 por ciento del 2010 al 2014.

Por el momento, el problema más grave que enfrenta la industria del vicio en toda la nación es la enorme contradicción de que el cultivo, la venta, el consumo y el tráfico de la marihuana siguen siendo un delito federal, aunque los votantes en más de 26 estados hayan aprobado algún tipo de legalización de la droga. Es una contradicción que le crea serios problemas a la industria para realizar operaciones bancarias tan simples como el depósito de sus ganancias en una cuenta corriente. Para las autoridades federales, no hay diferencia entre un billete recaudado en un dispensario de marihuana legal en el estado y otro que un traficante de drogas le cobra a un consumidor en la calle. Una circunstancia que aterra a los bancos establecidos, que bien podrían ser acusados de blanqueo de capitales.

Otro problema derivado de la semiclandestinidad del negocio es que la poca transparencia de las ganancias les dificulta a las autoridades estatales el manejo del monto real de los impuestos.

La terrible realidad es que, a más de 25 años de intentos por legalizar la droga, las consecuencias de la legalización siguen siendo impredecibles. No se sabe con certeza cuánto aumentará el consumo ni en los adultos ni en los jóvenes, y tampoco se sabe con exactitud el daño que podría causar, aunque sí, que ambos, el consumo y el daño, aumentarán.

SERGIO MUÑOZ BATA

Columnistas

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