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María Antonia García de la Torre

María A. García de la Torre

Se habla spanglish

Es hora de que Estados Unidos dé una vuelta de tuerca frente a la hispanidad y acoja de manera explícita esta faceta maravillosa de su tapiz étnico.

—Me dijo la profesora que, si quiero seguir en la escuela, tengo que dejar de hablar en español y hablar solo en inglés, le dice la niña de 9 años, llorando, a su madre. Las dos migraron desde Medellín en los años 70, después de que el patriarca de la familia consiguiera trabajo como obrero de construcción en Kansas.

La niña, Luisa, hablaba muy poco inglés y sus maestras le gritan si la oyen hablar en español.-English only!, le dicen desde el otro extremo del pasillo. Ella asiste a sus clases de geografía, historia, matemáticas sin entender casi nada y siendo incapaz de interactuar con otros niños latinos por la prohibición de hablar en su lengua materna.

La política de desterrar el español de territorio estadounidense llegó con la migración de los primeros colonizadores ingleses, cuando ya se había impuesto, de manera no menos radical, el español. Y ahora, si bien Estados Unidos no tiene una lengua oficial y varios Estados acogen el estatus de "bilingües", la guerra contra el español -y lo latino- ha sido campal y con tintes de exterminio cultural.

Lo latino siempre se ha considerado "de menos valía" y un obstáculo contra la preservación de la pureza del inglés.

Así han crecido varias generaciones de latinoamericanos, asentados en territorio estadounidense desde varias generaciones, o llegados hace poco, con la percepción de que su lengua, su origen, su identidad son "desechables" e "innecesarios".

De unas décadas para acá, ha surgido un esfuerzo sostenido desde varios frentes -la academia, la política, la sociedad misma- para recuperar el español, para proteger la identidad latina y para proteger el espacio de millones de hispanoparlantes que hacen parte de este país.

No se trata de "imponer" una cultura foránea; no sobra recordar que antes del inglés, ya estaba aquí el español -como digo arriba- y que además, territorios como Texas, California, Colorado y la Florida fueron usurpados a México.

Se trata, más bien, de reivindicar derechos perdidos, de sacar a la luz con dignidad, una herencia con la misma valía que la inglesa. Autores como Junot Díaz, quien escribe en spanglish, y miembros de la academia, como Amelia Montes y María Isabel Velázquez en la Universidad de Nebraska -por citar un par de casos, de los muchos que hay- empezaron a reparar el tejido roto del legado hispano en Estados Unidos.

Es clave no solo instaurar nuevas leyes, sino cambiar la mentalidad de gringos y latinos frente al tema de la hispanidad. Desde ambos frentes hay comportamientos que apuntan a opacar lo latino y a asimilar lo estadounidense -por intolerancia o por presión social-.

Y la academia es el caldo de cultivo perfecto para que los jóvenes gringos cambien su mirada frente a la riquísima cultura hispana y para que los mexicanos, colombianos, argentinos levanten la frente y mantengan su herencia lingüística con dignidad.

No hablamos solo de preservar el español, sino de aceptar ese nuevo dialecto que nació fruto de los amoríos entre el inglés y el español: el spanglish. Lo hablan millones de latinos y se lo considera una mezcla horrenda entre dos lenguas establecidas. Pero es su forma de comunicarse y es una realidad que no puede borrarse únicamente porque no cumple los estándares de pulcritud de la Real Academia.

Es cierto, no es inglés ni es español, pero su naturaleza híbrida no lo convierte en un dialecto de segunda clase. De hecho, así han nacido todas las lenguas -inglés, francés, japonés, sueco- que hoy consideramos oficiales y prístinas.

Español, inglés, spanglish son tres medios para alcanzar un fin: que 318 millones de individuos se comuniquen, se enamoren, se cuenten historias. La política del "solo inglés" es obsoleta, racista y segrega a 50 millones de hispanoparlantes con tantos derechos -y ganas- de comunicarse como ese 80 % que habla inglés como lengua materna.

Es hora de que Estados Unidos, ejemplo para el mundo por ser la mayor potencia económica, dé una vuelta de tuerca frente a la hispanidad y acoja de manera explícita esta faceta maravillosa de su tapiz étnico.

María Antonia García de la Torre

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