Comidas de película
Por: SALVO BASILE |
Cuando Marlon Brando se dio cuenta de que los extras de Quemada comían un almuerzo diferente al del resto de la troupe, puso el grito en el cielo y se le salió el demagogo: "¿Cómo es posible que un director comunista (Gillo Pontecorvo fue secretario mundial de las juventudes comunistas) permita semejante discriminación? ¿Cómo es posible que en esta película que habla de la explotación de los blancos contra las poblaciones negras se esté fraguando este adefesio?".
A propósito, en la película La Mission, los ingleses, dizque adalides del fairplay, servían no dos sino tres comidas diferentes: la de ellos, la de los colombianos y la de los indios. Y a ningún Robert de Niro se le ocurrió hablar de discriminación. Era cuestión de gustos. Solo a los hijos de la pérfida Albión se les ocurre comer kidney pie (¿¡pastel de riñón!?) al mediodía en la sierra nevada de Santa Marta.
Bueno, se les cambió la comida a los extras de Quemada: un almuerzo más balanceado, menos arroz, más verduras, frutas. Pero ahora los que pusieron el grito en el cielo fueron los extras por quitarles el 'acpm' (arroz, carne, plátano maduro). Entonces, a espaldas de Marlon, poco a poco, se volvió al almuerzo inicial, sin agravar aún más una situación tirante entre Gillo y Marlon, que ya no se hablaban.
Pero cualquier excusa les servía a estos dos monstruos para alimentar su animadversión. Era una cuestión de sistema: Marlon venía del 'star system hollywoodiano' y Gillo, del 'director system europeo'.
Marlon era Marlon. Más que el rey, el dictador de Hollywood: solo en Mutiny on the bounty (Motín a bordo) cambió a tres directores, y durante la filmación le hizo la vida imposible a Trevor Howard, sin que los ejecutivos del estudio tuvieran voz ni voto. Y Gillo tampoco era una pera en dulce... Por superstición le prohibió a Don Mario del Papa, productor ejecutivo de Quemada, pisar el set de filmación, aduciendo que el pobre señor le traía mala suerte. No hubo voluntad superior que le hiciera cambiar la absurda idea. Y nosotros, los asistentes de dirección, que defendimos a Gillo a capa y espada, terminamos en las memorias de Marlon como un grupo casi de delincuentes, unos mamertos convencidos de que aquel tenía la verdad para salvar el mundo. Mientras que a Gillo lo consideraba uno de los mejores directores con quien había trabajado.
Gillo, no obstante, habló de Marlon maravillas y le aceptó la oferta de dirigir su película (que al final no se hizo) sobre el problema de los indios pielrojas en Wounded Knee. La sabiduría popular dice la verdad: "Entre marido y mujer no te has de meter".
basilesalvo@yahoo.com
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