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SuscríbeteDe Hollywood a Boyacá
Por: SALVO BASILE |
Cuando José Ferrer emerge de la bruma matutina en la ciudad de hierro del Parque Nacional de Bogotá, se oye detrás de cámara un "oh shit!" (miér... coles). Es el director de fotografía Andrew Davis, que no puede contenerse ante esta mágica escena, que parece salida del submundo de Charles Dickens y su Corte de los Milagros, de Oliver Twist. Pero la magia no para allí. Mientras los gamines de la película van rodeando al personaje, en las madrigueras del parque se asoman los de verdad verdad. Friolentos, sospechosos, se van acercando, limpiándose las lagañas, y hacen que nuestros gamines parezcan lo que son: niños actores disfrazados de niños de la calle.
Estamos filmando Paco, logro milagroso del actor bogotano Andrés Marquis Abondano, que reúne a un grupo de amigos de su ciudad de residencia (Los Ángeles) alrededor del proyecto. Y qué amigos: José Ferrer, premios Óscar y Tony por su inolvidable Cyrano de Bergerac; Allen Garfield, del Actors Studio (La conversación); Pernell Roberts (Bonanza), el hijo mayor de Ben Cartwright; Panchito Gómez, de Plaza Sésamo y Selena; Andrew Davis, futuro gran director con El fugitivo, El guardián y Un crimen perfecto; y de colombianos, un gran Álvaro Ruiz (q. e. p. d.), Carlos Muñoz, Virginia Vallejo, Olga Lucía Cortez, Manuel Busquets. Con la producción de Carlos Delgado Pereira y la colaboración de Benedetta Salviati.
Por primera vez, luego de Quemada y Los aventureros, un personal puro Hollywood desembarcaba en estas tierras. Año 1974. Tras las tomas en Bogotá viajamos a Boyacá, donde oiría muchos "oh shit!" de mi buen amigo Andy. Estos gringos se enamoraron de Villa de Leyva, de su plaza mayor, con 14.000 metros empedrados, y de su iglesia parroquial del siglo XVII. Pese a haber viajado por el mundo, los deslumbraron la belleza del campo boyacense, los colores de su artesanía y la variedad de los mercados campesinos. Todo quedó en la película.
La historia se inicia con las peripecias de un niño huérfano que va a Bogotá a buscar a su tío y descubre que es el jefe de una gallada de gamines carteristas y ladrones. La trama se complica con un plan mafioso para robar la esmeralda más grande del mundo, que se exhibe en la Biblioteca Luis Ángel Arango... No les cuento el final, pero en la vida real sí hay final feliz: Andrew Davis aceptó la invitación del Festival de Cine de Cartagena y volvió después de 25 años. Fuimos a Boyacá y está tratando de armar una magnífica versión del Quijote, toda rodada en Colombia. ¡Gracias, Boyacá!
basilesalvo@yahoo.com
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