Un árbol, una vida

Un árbol, una vida

Apoyamos el plan de arborización con la ayuda de la Fundación Verde que te Quiero Verde.

02 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Cuando mi hermano mayor Mario Fernando Niño Solís (q. e. p. d.), indio de la etnia arahuaca, líder y defensor de su pueblo y de la Sierra Nevada de Santa Marta, quien sirvió de asistente en la película 'Pon la otra mejilla', recibió la escritura de un terreno para fundar la primera estación de posta para los indios que bajaban regularmente de la Sierra, por la cuchilla de Mingueo, casi llora de la dicha. 

Y cuando supo que la bella signora Silvana Mangano, superestrella y esposa de Dino de Laurentis había gestionado la compra de este pedazo de tierra que resolvería el problema de los indios que bajaban a vender sus productos y no tenían dónde dormir, dónde guardar sus bestias y eran víctimas del alcohol, de ladrones y de hoteleros aprovechados, quiso regalarle algo especial a la señora. Así que, sin palabras, me instó a seguirlo; después de 45 minutos de camino, que para él era “allí no más”, llegamos a una quebrada paradisíaca: agua transparente y abundante, una ribera frondosa y más adentro, unos árboles centenarios.

Nos metimos en el agua helada y Mario sacó de debajo de unas piedras una cabecita de gamo de la cultura tairona. Y a mi pregunta ingenua de por qué no la había sacado antes, me contestó que lo que es del río se queda en el río. Por eso, según su religión, es prohibido cortar hasta un chamizo de la ribera de la quebrada, que así se conserva y evita la erosión por la fuerza del agua.

Muy diferente la denuncia de otro hermano mayor, Eduardo Macías, fundador de la mítica Crepes and Waffles, que junto con otros vecinos habían logrado la arborización de la playa de Castillogrande y, muy orgullosos, mostraban la hilera de arbolitos que habían logrado sembrar. Como dicen, “siembra un árbol y estarás sembrando una vida”. Pero la realidad los golpeó duramente el día siguiente, cuando todos los arbolitos habían sido arrancados por una señorona del barrio. La dama en cuestión declaró, sin asomo de vergüenza, que ella había comprado su apartamento para ver el mar y no unos chamizos, y su interés personal era más importante que el beneficio común.

Afortunadamente, la protesta pública hizo que se volvieran a sembrar unos arbolitos, y desde esta columna estamos apoyando un plan de arborización con la ayuda de la Fundación Verde que te Quiero Verde.

SALVO BASILE

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