Si yo fuese presidente...

Si yo fuese presidente...

Si fuese Juan Manuel, ¿saben qué haría? A todos los corruptos los enviaría a la selvas ‘farianas’.

24 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

Cuando me encuentro abrumado, atropellado por los hechos que están volviendo a Colombia una cuna de la corrupción a todo nivel, siempre pido consejo a mis amigos más queridos para que me abran los ojos con su sabiduría. Pero esta vez me fue mal: ni el filósofo, ni el farandulero, ni el crítico de cine ni el director supieron darme una mano para desintrincar esta madeja.

Entonces, en compañía del señor Google, que todo lo sabe, me fui a buscar respuestas en la Edad Media, y me encontré con un soneto de Cecco Angiolieri, quien, usando una poesía jocosa, casi goliardesca, dice un montón de verdades.

Cecco Angiolieri, poeta italiano de la Edad Media, nació en el anno Domini de 1260, en la ciudad de Siena, hijo de Angioliero y de Mona Lisa de Salimbeni. Su abuelo fue Angiolierio Siolafica, quien fue por muchos años banquero del papa Gregorio VII. En Florencia se vuelve amigo del sumo poeta Dante Alighieri, pero por razones políticas se vuelve su enemigo a causa de una guerra de poder entre los güelfos y los gibelinos, que mantiene la Toscana en una polarización inútil y dañina. Algo parecido a Colombia. Hay más de 110 sonetos atribuidos a Cecco, que toman la tradición goliarda y la tradición de la poesía jocosa. Este soneto, Si fuese fuego..., expresa su misantropía, junto con su pasión por la vida.

“Si yo fuese fuego, incendiaría el mundo;
si yo fuese viento, lo azotaría;
si yo fuese agua, lo anegaría;
si yo fuese Dios, lo tiraría a lo profundo;
si yo fuese papa, me sentiría jocundo”.
Si yo fuera papa, les pediría a todos los gobiernos que hayan encontrado y condenado a curas violadores de niños que los encerrara en cárceles tipo Bellavista, para que soportaran el mismo trato que impusieron a los infantes.
Si fuese emperador, ¿sabe qué haría?

Degollaría a todos en un segundo.

Si fuese Juan Manuel, ¿sabes qué haría? A todos los corruptos los enviaría a la selvas ‘farianas’, donde unos disidentes les armarían un proceso proletario y la condena sería no en las cárceles doradas o en los cuarteles o en las casas de oficiales, sino en los mismos cambuches, y serían alimentados con los misérrimos almuerzos que les entregaban a los niños de la patria.

SALVO BASILE

Columnistas

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