Cerrar

  • Planeta
  • Promperu
  • Avianca
  • Movistar
  • Ades

Publicidad

ELTIEMPO.COM

Columnistas

Patrocinado por:
Salud Hernández-Mora

RSS

Pablo y José Libio

En la manigua el día amaneció opaco. Otro de tantos perdidos. No sé qué les dolerá más, si la angustia por la incertidumbre o la impotencia de ver pasar sus vidas amarrados a un árbol.

Hoy cumplen once años de secuestro Pablo Moncayo y José Libio Martínez, dos nombres que ya olvidaron en Francia. Resulta imposible para cualquiera de nosotros comprender la magnitud del horror que supone permanecer cuatro mil días sometido a la voluntad de unos desalmados, sin otro futuro que la hora siguiente.

Elkin Hernández, también secuestrado, sugería en una prueba de vida que nos preguntáramos qué ha sido de nuestras vidas en ese mismo tiempo. ¿Se casaron? ¿Estudiaron una carrera? ¿Iniciaron proyectos empresariales? ¿Comenzaron un trabajo? ¿Vieron crecer a sus hijos, a sus sobrinos? ¿Durmieron rico? ¿Pasearon? ¿Conocieron el mar? ¿Soñaron? ¿Enterraron a sus muertos?

Porque ellos no hicieron nada, absolutamente nada distinto a sobrevivir, a soportar las humillaciones de sus guardianes, a esperar un milagro.

Cada vez que la Navidad se acerca, crecen las esperanzas de sus familias. Es como si fuera imposible admitir el contraste de la alegría en las calles con la terrible tristeza de sus hogares. Como si el Niño Dios no pudiera pasar de largo otro año sin hacerles ese regalo. O como si la guerrilla fuera a recuperar el corazón y se conmoviera en estas fechas entrañables.

Algunos firmantes de las dos cartas que enviaron a las Farc el grupo de civiles que impulsó el llamado "diálogo epistolar" no querían incluir un párrafo en que se exigiera la liberación de los secuestrados, temiendo ahuyentar a la banda terrorista. Menos mal que ganó el sentido común porque el intercambio de escritos tiene que ser una herramienta de presión y no la enésima tomadura de pelo.

Además, para abrir canales con el enemigo no es necesario arrodillarse ni ser pusilánime, sino firme y nítido. Si no les dan una respuesta clara a la última carta, que despidan a Alfonso Cano y sus secuaces para siempre. Porque si las Farc -que no son otra cosa que una partida de delincuentes- no se dan cuenta de que les están abriendo una rendija que no merecen, carece de sentido seguir dejándoles posar de interlocutores políticos.

No sé si me habré contagiado del optimismo de los familiares, pero aún confío en que liberen a algún rehén en estas vacaciones navideñas. De hacerlo, no será por las peticiones de Íngrid, cuya mediación en estos momentos es contraproducente. Debería desarrollar una labor callada ante los diferentes gobiernos, pero en absoluto pública. Las Farc seguro que la identifican con Uribe y deben considerarla la mayor propagandista de su barbarie en el mundo, además de una liberada de 'Jaque'.

Por tanto, cualquier demanda que haga será contestada con un portazo. Ahí la única esperanza, además de otra traición interna, es Piedad Córdoba, si es que aún conserva algún poder de convicción entre esa gente.

A diferencia del Presidente, a quien le molesta que la senadora traiga de regreso secuestrados, pienso que al resto de colombianos nada les gustaría más que ver libre a otro rehén, por mal que les caiga Piedad.

Y es que una liberación no debilita la política de seguridad. A las Farc hay que seguirlas combatiendo de forma implacable hasta que acepten dejar las armas a cambio de incluirlas en Justicia y Paz. Pero si la senadora u otra persona consiguen traer secuestrados, sin los espectáculos lamentables del pasado año, bienvenidos sean. Todo esfuerzo encaminado a ese objetivo es legítimo, como siempre ha dicho la admirable Iglesia Católica, incansable en la búsqueda de la paz y en la defensa de los derechos de los colombianos que más sufren.

Pablo y José Libio, raptados en la cruenta toma del cerro Patascoy el 21 de diciembre de aquel lejano 1997, no merecen otro destino que vivir en libertad con los suyos.

Salud Hernández-Mora

Publicidad

Columnistas

Zona Comercial

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.

GDA Miembro de GDA. Grupo de Diarios América

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.