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Salud Hernández-Mora

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Mejor que el 5 a 0 a Argentina

Les robaron la caja fuerte con las mejores joyas. Y ni siquiera forzaron la cerradura. Hicieron una operación de cirugía tan impecable que hasta los dueños del botín caminaron hacia el despeñadero por su propio pie.

Me muero de la dicha imaginando la cara del Mono Jojoy, el arrogante jefe militar de la banda y señor del Bloque Oriental, al que arrebataron sus ases como a un principiante. Y qué decir del rostro que tendrá el nuevo capo supremo de la organización terrorista. Los dos han perdido respeto y confianza entre sus tropas porque el golpe fabuloso que les inflingió el valiente comando, bajo la batuta del general Padilla de León, un militar decente, estratega, de trayectoria impecable, tiene una onda expansiva más potente que la propia bomba del miércoles.

Logró moverle el sillón de mando a Alfonso Cano cuando aún estaba acomodándose. Todavía no tenía el apoyo irrestricto de su tropa, que lo mira con cierto escepticismo porque en tiempos de derrotas militares la masa pide jefes belicosos y no intelectuales de pacotilla, y ya se tambalea su poder.

¿Y qué decir del Mono? Si hay alguien a quien los subversivos caminan es al ex gordinflón. ¿Qué estarán pensando ahora la guerrillerada cuando ni siquiera el cabecilla más popular del Secretariado es capaz de guardar bien sus tesoros? ¿Si no pueden dormir tranquilos, cobijados bajo sus alas, entonces con quién? ¿Con el cucho Joaquín, con el decrépito Médico, con el impostado Timochenko, con el aburguesado Márquez, con el apagado Ramírez?

Porque soñábamos incluso con algún rescate milagroso de militares y policías de escaso interés para el mundo exterior, en manos quizá de frentes menos capaces que el Primero de alias Cesar. Pero el de Íngrid y los gringos, no lo imaginaba ni el más optimista de los ilusos.

Las Fuerzas Militares le clavaron una estaca al corazón de las Farc, aunque bien es cierto que como esa gente tiene ese órgano de granito, no será una herida letal aunque sí de extrema gravedad.

La guerrilla no se recuperará del mazazo porque nadie quiere estar en una organización en caída libre, donde reina la deslealtad, denostada en su propio país y despreciada fuera. Porque ahora contamos con una vocera creíble para los bobos útiles internacionales que le comen cuento a las Farc. Íngrid está dejando al descubierto ante el mundo la crueldad infinita de la banda criminal que acá ya conocíamos, su lucha sinsentido, su barbarie. Ya nadie exigirá a los colombianos que acepten la insultante beligerancia o una negociación política con el gobierno de tú a tú, Asamblea Constituyente incluida, como si fuesen algo distinto a una agrupación de terroristas sin causa.

Si Cano quiere salvar vidas y hacer algo positivo en su fútil existencia, que acepte la mano tendida del Gobierno, libere a los secuestrados y haga cuanto antes el canje: entrega de armas por beneficios que sus farianos recibirán. Y que ni sueñe con sentarse a discutir programas políticos porque en ese campo ya no tienen bola que tocar.

Colombia necesita dejar atrás la guerra como eje de la agenda nacional y asumir retos gigantescos como el combate a la miseria y la desigualdad social, germen de muchas violencias.
Por eso es una lástima que las Farc sigan empecinadas en mantener sus escasas cuotas de poder con fusiles y campos de concentración, alimentados con la gasolina de la coca. Esta semana nuestros militares nos dieron una alegría inmensa, impagable. Felicitaciones al Presidente, al ministro de Defensa, a la cúpula de las Fuerzas Armadas. Y, por encima de ellos, a los quince rehenes que regresaron a la vida y al admirable comando que obró la hazaña. Las infamias de algunos no podrán ensombrecer el triunfo. Por una vez siento que estamos en el fin del fin, así tardemos todavía unos años en atravesar la oscuridad. 

Salud Hernández-Mora

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