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Salud Hernández-Mora

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Los roscogramas

No entiendo por qué critican a Vólmar Pérez ni las razones de este diario para pedirle que no repita mandato. Cumplió su misión con creces, nadie puede negarlo. Enterró la Defensoría del Pueblo, la sacó de la escena pública, la volvió un cadáver. Y ahora extraña que pretenda atornillase al sillón compitiendo en una terna de mentiras donde es el único que puede salir elegido. Si es lo que el Gobierno buscaba: bajarle el volumen a una voz crítica que a veces molestaba. Y Pérez no sólo habló pasito sino que se calló del todo. Fue una gestión "perfecta", así que no queda sino agradecerle al Partido Conservador, propietario de ese cargo, los servicios prestados y otorgarle el beneficio de reelegir candidato.

Porque en eso hay que admitir que el presidente Uribe tiene toda la razón: esto es el país del "roscograma", donde conjugamos como nadie el verbo repartir... cargos. Pocos como Uribe, que lleva treinta años de vida pública, pueden atestiguarlo. Y no es que no hiciera nada por eliminar la práctica que ahora parece denostar, sino que prefirió continuarla. En su primera legislatura anunció a sus colaboradores que él no daba puestos en casa, sino fuera de las fronteras. Envió al exterior a todo aquel al que tenía algo que agradecerle y atiborró las embajadas y consulados de amigos, amiguetes, parientes de amigos y familiares de senadores y representantes, hasta agotar los cupos.

Si dejó de hacerlo no fue porque luchara contra el clientelismo o le espantara la ancestral costumbre, sino por la escandalera que se armó el día que la gota rebasó el vaso y la niña de no recuerdo quién, que quería aprender inglés en Norteamérica a nuestra costa, le quitó el trabajo a una funcionaria experimentada.

Por tanto, mejor haría el Presidente en limpiar sus pecados para tener la autoridad moral necesaria para salir a criticar a sus competidores en "roscograma". Porque no vamos a negar que la Corte Suprema, el Consejo de Estado, la Procuraduría, la Fiscalía y demás se intercambien nombramientos como si fueran monas. Usted me coloca a la esposa, al cuñado, la amante, al familiar del congresista que me dio el voto o a quien se me antoje, y yo le retribuyo con la misma moneda. Si los integrantes de dichos organismos tuvieran ganas de acabar con ese cáncer lo harían de una, pero prefieren conservar un arma de gran calibre muy útil antes que erradicar sus más turbulentos hábitos.

A fin de cuentas, son como los políticos, como el Presidente, utilizan el "roscograma" para sus propósitos.

Sin ir más lejos, piensen que sólo el todopoderoso Procurador tiene la facultad de elegir a dedo a unas quinientas personas. De ellos, son 32 procuradores delegados de más de veinte millones de pesos mensuales, unos 160 funcionarios de siete millones y la cuenta sigue hasta completar la cifra antes mencionada.

Con semejante abanico de ofertas, a ver quién es el macho que se atreve a arrebatarle el cargo.

Las altas Cortes no pueden ofrecer tanto, pero tampoco se quedan mancos a la hora de repartir, sobre todo el Consejo de Estado, según me cuentan varios magistrados. Por eso, no deben ofenderse porque el Presidente les ponga a su altura. Si no quieren que les saquen los colores, lo que deben hacer es barrer sus oficinas de lagartos, anfitriones generosos de sus rumbas y de roscas. Lo de eliminar las roscas de los políticos es otro paseo, mucho más largo y sinuoso, porque viven de eso.

NOTA: El Consejo de Estado ha dado una patada olímpica al Estado de Derecho por la injustificable pelea de gallos que nos tiene hartos. La inseguridad jurídica que crea aceptando tutelas a las sentencias de la Corte Constitucional es tan perjudicial como la guerra entre el Ejecutivo y el Legislativo, y empuja la Justicia hacia el abismo. Con esos amigos, el poder judicial no necesita los enemigos de Casa de Nariño ni los de la Picota para ahogarse solito.

NOTA 2: Fanny Mikey fue, ante todo, un excelente ser humano. Mil gracias por lo mucho que nos diste. Descanse en paz una mujer admirable.

Salud Hernández-Mora

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