Jugar a la guerra
Por: SALUD HERNÁNDEZ-MORA | 7:29 p.m. | 16 de Octubre del 2010
No tiene perdón de Dios. Una niñita holandesa, que tenía todas las posibilidades de hacer algo provechoso en su vida, además de una familia unida que siempre la apoyó, carece de toda justificación para incorporarse a las filas de una organización terrorista.
Sus escritos lastimeros de hace unos años, en los que se quejaba del trato que recibía, dando a entender que ansiaba desertar, quedan desmentidos por las fotos halladas en el computador del 'Mono Jojoy', donde aparece feliz, en una rumba y junto al sobrino del sanguinario comandante. Tampoco la favorece su prontuario terrorista, del que no muestra arrepentimiento alguno. Fue responsable, con sus compañeros, de varias bombas incendiarias en los buses de TransMilenio. Hirieron a decenas de pasajeros y segaron la vida del niño Daniel Beltrán(*).
Sería interesante que la capturaran para conocer la reacción de los tontos útiles europeos, pertenecientes a la izquierda recalcitrante. Porque ya auguro que si eso ocurre, enviarán a Colombia sus hordas de abogados, ONG y parlamentarios a fin de protestar contra el Estado colombiano por apresar a quien definirán como una luchadora de los derechos humanos, sometida a tortura por las autoridades, como hicieron con los tres terroristas del Ira que entrenaban a las Farc. Ya en el pasado la televisión pública holandesa Nova pagó por una entrevista donde la chica explicaría su lucha, aunque al final no acudió ella sino 'Raúl Reyes'. Y fue un comunista chileno, de esos que juran que nada tienen que ver con los criminales, quien sugirió el encuentro periodístico con el doble propósito de difundir la propaganda fariana y recibir un dinero para la organización(*).
La holandesa que creyó que apaciguaría sus ansias de aventura vistiendo un camuflado, participando en atentados y jugando a novia del Che Guevara, merecería una larga condena. Pero no será así y tendremos que aguantarnos ver a Tanja convertida en heroína, escribiendo un best seller en su Holanda natal sobre sus experiencias y pontificando en esos foros que les abren los bolivarianos y similares en Caracas, Buenos Aires o Ginebra, donde hacen apología del terrorismo.
Tanja no podrá alardear en Europa de las matanzas, pero disfrazará de sacrificio por la noble causa de la justicia social su accionar terrorista, sus manos teñidas de sangre. Y como el orfeón izquierdoso radical le servirá de coro, le irá fenomenal.
Tan bien como le fue a Chile con el rescate de sus mineros. Me dio envidia el despliegue mundial para transmitir en directo la hazaña. Cerca de dos mil periodistas llegados de todo el planeta siguieron paso a paso las incidencias de su salida a la superficie, y durante los dos meses que permanecieron atrapados en el fondo de la mina, también notificaron sus pasos a diario. Con todo, su drama es un juego al lado del infierno que viven nuestros militares y policías secuestrados, enterrados en las honduras de la manigua.
Por nuestra propia indiferencia hacia ellos y por la incapacidad para formar un frente unido contra el terrorismo, que agrupara a todas las fuerzas políticas, nunca logramos que el mundo se preocupara por su suerte. Necesitamos atraer su atención para, entre todos, sin fisuras, poner contra las cuerdas a las Farc hasta que la banda criminal sienta el repudio absoluto y sea consciente de que no obtendrá recompensa alguna por matar y secuestrar, y acepte dejarlos libres.
Fue decepcionante observar cómo la noticia de la fuga y recaptura del cabo primero José Libardo Forero y el subintendente Jorge Trujillo, apenas arañó un espacio en los medios internacionales, menor que el dedicado a las fotos de la terrorista holandesa con su pareja de las Farc.
(*) Tanja, editorial Norma.
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