Lo siento por Fabio Valencia Cossio, que resultó menos soporífero que su antecesor y bastante más hábil, pero me temo que terminará cayendo. Tener un hermano que en su condición de jefe de Fiscalías de Medellín, que no de ciudadano anónimo, acuerda trampas por teléfono para beneficiar a mafiosos, es un lastre imposible de soportar para un ministro de Justicia aunque no supiera nada.
Al ex fiscal le delata hasta el lenguaje, propio de pandillero de parche con ínfulas de traqueto, y una mentalidad narca capaz de transarse por una moto de cuatro ruedas que tanto le gustan a los capos.
No sé cómo irá a explicar sus propias palabras y eso que lo aparecido en la revista Cambio debe ser una ínfima parte de lo que le tienen guardado. Como él dice que todo está sacado de contexto, me da curiosidad saber hasta dónde llega su imaginación para inventar una 'Operación Jaque' mucho más sofisticada, capaz de engañar al más pilo y convertir lo dicho con su propia voz en una misión encubierta.
Es una tristeza que nunca acabemos en este país con las asociaciones mafiosas de funcionarios supuestamente rectos, venidos de familias tradicionales, con criminales. Es una espiral endemoniada que no tiene final y que merecería un estudio sociológico, como el narcotráfico.
Encierran a 'don Berna', a 'don Diego', matan a Varela, descabezan un cartel, y aparece de la nada 'don Mario' rodeado de un ejército tenebroso. Descubren a unos fiscales corruptos y enseguida otros toman el relevo. Enterramos el proceso 8.000 con dos paladas de arena, dejando casi todos los despojos al descubierto, y renace de sus cenizas vestido de 'parapolítica'.
Y esta vez tampoco haremos la catarsis que el país necesita. Oficiarán otro entierro de tercera donde la mayoría de los cadáveres resucitarán con nuevos bríos animados por el orfeón gubernamental que no quiere que todo se sepa, y una sociedad permisiva donde las haya. Una sociedad que sigue cultivando el sagrado culto a la plata y al todo vale.
Muchos prefieren creer que el paramilitarismo era cuestión de un puñado de dirigentes, de ganaderos y de narcos, y nos olvidamos de que fue un fenómeno social de unas dimensiones fabulosas, en el que estuvieron implicados desde generales hasta comerciantes pequeños que reunían fondos para que los protegieran, pasando por vecinos que señalaban a vecinos para que los 'paras' los mataran por una deuda o un lío de faldas. Y unos medios de comunicación que llegaron al extremo de ensalzarlos.
Volviendo al fiscal Valencia Cossio, también me dejó atónita que le sacaran de Antioquia para darle la jefatura de fiscalías de Boyacá. Y a la fiscal de Montería, que recibe pagos de amigos de dudosa reputación, la mandaran para Pasto. ¿Acaso los boyacos y los pastusos merecen recibir funcionarios bajo sospecha? ¿O es que pensaban que hasta allá no llegaban los tentáculos de sus supuestos aliados narcos? Si no servían para una región porque pensaban que podían seguir haciendo de las suyas, tampoco para otras. Mejor haberlos mandado de vacaciones si no podían echarlos. Inexplicable decisión que deja muchas dudas sobre la calidad de los funcionarios en los departamentos que en las altas esferas consideran de segunda.
NOTA: El presidente Uribe sigue la tradición histórica de matar al mensajero para desviar culpas propias. Pide que investiguen a Daniel Coronell mientras cubre con un manto a sus funcionarios. Ellos son probos y el periodista un delincuente por demorar una información respetando los deseos de su fuente. De poco le servirá al Mandatario la burda estrategia porque si Yidis está en prisión por cohecho, es lógico que le sigan los que le ofrecieron dádivas. Coronell es una ficha insignificante en este barullo. Ni pidió puestos ni entregó cargos. Esto es un caso de co-he-cho, señor Presidente, no de periodismo.
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