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Delirio

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Ricardo Silva Romero

Los generales uribistas en verdad se creen generales. Y, extraviados en su peligrosa isla de la fantasía, van a acabar empujándonos a la reelección del restituidor de tierras que los engañó.

Resulta extraño que la derecha tienda a sentirse perseguida en este país de derecha.

    Usted abre EL TIEMPO del sábado. Y entonces, después de leer por encima aquella página en la que el gobierno actual reconoce que devolverles las tierras a sus verdaderos dueños ha sido desde siempre la principal obligación del Estado, tropieza con otro monólogo delirante del consejero uribista José Obdulio Gaviria. Por estos días, tras la noticia de que el procesado Luis Carlos Restrepo ha escapado de Colombia hacia la clandestinidad porque aquí "no hay justicia para ninguno de los funcionarios del expresidente Uribe", el señor Gaviria va de medio en medio repitiendo que los uribistas le entregaron sus banderas a Santos "como niños ingenuos" que no imaginaban el tamaño de la traición, pero que, aun cuando hoy remeden el exilio de los próceres, volverán al poder así sea lo último que hagan. Y usted cierra el periódico con náuseas.

    Primera nota al margen: resulta extraño que la derecha tienda a sentirse perseguida en este país de derecha -pero es apenas natural: el villano muere pensando que fue el héroe de la historia- como aquellos militares embotados que no logran comprender por qué los civiles los juzgan en vez de agradecerles la vida.

    La semana comienza. Y usted revisa hasta el cansancio las frases temerarias del señor Gaviria porque le cuesta creerlas: "es una persecución política", "sus enemigos tienen capturado el poder judicial", "Restrepo es un rebelde que desconoce la legitimidad de sus jueces como el Fidel Castro que escribió La historia me absolverá", "ciertos medios actúan como corresponsales de guerra de las Farc", "esto es idéntico a lo que pasó con el coronel Plazas en el juicio del Palacio de Justicia", dice. Y usted por fin entiende que los políticos duermen en paz por la noche no porque sean malvados, sino porque sufren el mismo trastorno de personalidad de los sicarios que se dan la bendición: no son, como usted creía, esos cínicos "que ponen a pensar al país", sino aquellos dementes sin pasado que un día despiertan convencidos de que todo lo han hecho por el bien de la patria. Y no logran entender por qué esos jueces rancios los persiguen como vengadores en vez de agradecerles como empleados.

    Segunda nota al margen: no hemos podido superar la imagen de aquel tanque que entra a la fuerza en el Palacio de Justicia -nadie nos puede desprestigiar como testigos: todos lo vimos- porque sigue probándonos que aquí ni los villanos ni los héroes piensan en las vidas de los jueces.

    Usted va olvidando hora por hora las afiebradas declaraciones del señor Gaviria. Pero en la madrugada del miércoles encuentra en todos los medios, vía el propio Gaviria, la primera declaración que Restrepo le ha enviado al país "en su condición de rebelde político". Y, cuando descubre que aquel texto escrito "desde la clandestinidad" -un decálogo delirante que propone crear una Constitución a la medida del uribismo- reduce los problemas de Colombia a que el traidor de Santos ha hecho a medias la labor de someter a los jueces, usted no sabe si reírse o morirse de miedo. Porque entonces está claro que los generales uribistas en verdad se creen generales. Y que, extraviados en su peligrosa isla de la fantasía, dispuestos a tomarse el poder como se lo toman los próceres y listos a pronunciar la mentira "el país me conoce", van a acabar empujándonos a la reelección del restituidor de tierras que los engañó.

    Tercera nota al margen: para los trastornados políticos de la derecha, que se repliegan en sus propias montañas como las guerrillas traficantes que tanto los definen, el Estado sigue siendo aquel Palacio en llamas secuestrado por un puñado de "enemigos políticos" que en 1991 fueron premiados con su propia Constitución. Y no ven la hora de volver a entrar el tanque.

www.ricardosilvaromero.com

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