Para adelgazar, salgan a marchar

Para adelgazar, salgan a marchar

El antigobiernismo hará marcha el sábado contra la indignante corrupción. Que es autopromoción.

29 de marzo 2017 , 12:00 a.m.

No voy a la marcha del sábado porque mi pareja, Lulita Arango, me exigió someterme a un electrocardiograma, examen poco grato para quien ya pasó de 67 años y no hace yoga. Mi cardiólogo y amigo, Gustavo Fuentes, un costeño de energía deliciosa, sonriendo me dijo: “Hombe, eso te lo vacilas con suavidad; cada día, dos pepitas azules, anticoagulantes, así te ríes de la vida cara, del IVA y de la Dian”. Guau, me tocó moderar gustos ricos como el salmón, el cigarrillo, el tequila, el ron, el sexo, las nueces, las berenjenas, y evitar enojos y discusiones.

Por la radio han lanzado frases antipáticas a la marcha que el antigobiernismo hará el sábado contra la indignante corrupción. Que es autopromoción del dirigente católico antisantista Alejandro Ordóñez, de la exministra Marta Lucía Ramírez, de Iván Duque, Paloma Valencia y del abuelo y expresidente Álvaro Uribe. Según Maricarmen, pontificando en la peluquería: “Que los brujos de la política ordenen que todos corran o marchen o monten en bicicleta cada día. La gente está gordísima, deben adelgazar”. Todos, a correr, a marchar; lo clave es adelgazar. Que corran 12 kilómetros y al final, sudorosos, un sonoro abrazo.

Todos, a correr, a marchar; lo clave es adelgazar. Que corran 12 kilómetros y al final, sudorosos, un sonoro abrazo.

Sorpresas nos da la vida, decía el genial Pedro Navaja. A un corrillo de periodistas, cuatro mujeres y este escribidor, se nos acercaron el viernes, en el evento de la española firma Porcelanosa, el premio nobel y exboxeador Mario Vargas Llosa y su novia, la española Isabel Preysler. Nos dijo él: “Soy el novio más feliz del mundo, me siento novio quinceañero; nunca soñé estar así a mis 81 años”. Ciertísimo, está vital, juvenil y burlón del protocolo. Dichoso, desfiló por la pasarela con su novia, Isabel. Y desfiló con tan buena voluntad que parecía un modelo muchachón de Hernán Zajar, mostrando unos bluyines apretados al nalgatorio. ¡Todo un campeón!

Un amigo criticón, todavía ultraizquierdista, me comentó: “Penoso ver a Vargas Llosa en esos ridículos cocteles”. Le respondí sonriendo: “Eres un plomo, un negativista; el hombre está feliz, viajando, ‘cocteleando’ y divirtiendo a la mujer que ama, viviendo un noviazgo que millones quisieran vivir”.

Vargas Llosa es un personaje descomunal, un alegre nobel que, acariciando la manito de su novia, Isabel Preysler, ¡se veía feliz!

PONCHO RENTERÍA

Columnistas

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