Los premios Nobel, una rara cofradía

Los premios Nobel, una rara cofradía

Dizque llegó la paz, y pregunto: ¿cuántos señorones protege el Gobierno con camioneta blindada? Miles.

11 de octubre 2016 , 06:47 p.m.

El presidente Santos ganó el premio Nobel de la Paz. Le tocó durante cuatro larguísimos años torear malas noticias desde La Habana, y buscarles mejoría. Ya logró que las arrogantes Farc guardaran la dinamita por 427 días. Esos 427 días sin que lancen cilindros, ni quemen tractomulas ni secuestren militares toca abonárselos al Gobierno, que en otros frentes distintos al de la paz sale muy rajado. Bien ganado el Nobel, esos 427 días pacíficos dicen mucho.

En la peluquería, las señoras aplaudieron que el Presidente, en Bojayá, regalara a las víctimas los 3.109 millones de pesos que tiene su premio Nobel. Ese regalazo del Presidente es como un gol de chilena. Otros señores con Nobel y premio millonario metieron los millones al banco suizo, caso Pablo Neruda, Obama y García Márquez, pero el nobel Vargas Llosa le regaló su millón de dólares a su amante, Isabel Preysler. Por ello, mi amiga Leonora dijo: “Es un grande Vargas Llosa, le dio buen ejemplo a tanto amante millonario que se porta tacañísimo”.

Contaba anoche un amigo del Presidente que él en los últimos cuatro años pasó centenas de noches entre desvelado y angustiado. Y el motivo de esos desvelos venía de las negativas de las Farc a llamar secuestros lo que eran secuestros; que reclamaban ser víctimas y no victimarios; mejor dicho, si no es por las protestas de Uribe, hubieran pedido 57 curules.

Contó ese amigo que al presidente Santos le tocó, en un día de caprichos guerrilleros, llamar hasta 15 veces a La Habana, y de paso a siete presidentes amigos, para que su Canciller ablandara las vanidades de las Farc. Impuso con éxito su diplomacia personal.

Aleluya: los príncipes del capitalismo piden pronto acuerdo al premio nobel Juan Manuel Santos, a Pastrana, a Álvaro Uribe. Nada dijeron de bajar precios, o de que denunciaran a los capitalistas privados de mala conducta. Dizque llegó la paz, y pregunto: ¿cuántos señorones protege el Gobierno con camioneta blindada? Miles. No dicen; es más fácil encontrarse la guaca del ‘Mexicano’ en su mansión de La Cabrera, donde van a construir tres inmensas torres de cemento.

Última hora: vendieron unas acciones de la Energía de Bogotá en 419 millones de dólares y las recompraron por 800 millones. No es un chiste, dizque fue verdad. ¡Así, la paz es un bolero triste!


Poncho Rentería

Columnistas

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