Avión a Oslo y Estocolmo

Avión a Oslo y Estocolmo

Buen periplo a los viajeros, y cuídense de la diabetes, a la que alborota la dulce pastelería de Noruega y Suecia.

06 de diciembre 2016 , 08:01 p.m.

Los viajeros en avión andan nerviosos. Y con razón, esos pájaros metálicos se caen por volar sin gasolina o por un error humano. “Errar es de humanos”, dicen que dijo el senador Armando Alberto Benedetti cuando le censuraron que llamara esquizofrénicos a sus contradictores políticos. Armandito: cambia de asesor en “discursos y lenguaje”; tu jefe Juan Manuel Santos, hoy premio Nobel de paz, no quiere saber de insultos ni vainazos. Lo dijo Mandela: “Ser nobel de paz obliga a severo pacifismo, nunca agredir a nadie”. Y exigir lenguaje pacifista a sus tenientes políticos. El país electoralmente está partido en dos, y algunos jefes ‘farcos’ alertan que los ‘guerrillos’ podrían volverse al monte.

Se estrellan los aviones. Marta Traba, el poeta Cote Lamus, el filósofo Gaitán Durán, Carlos Gardel y John John Kennedy perdieron su vida volando. Lo dijo el célebre piloto de Avianca, el capitán Tapias: “El avión es el transporte más seguro del mundo”. Y voló 35 años sin tener ni un susto. Seis mil aviones vuelan diariamente en el mundo.

En diciembre, buenas noticias: el avión presidencial, que sale esta noche con el presidente Santos y su comitiva para Oslo; 14 horas, sin escalas; tiene tanques de gasolina para volar 20 horas seguidas. Y por el clima en Noruega, 3 grados con nieve, no se alarmen: el Presidente lleva un grueso abrigo camel, herencia de su abuelo Enrique Santos, ‘Calibán’.

En Italia, el Presidente recibirá el premio Lámpara para la Paz; es como el Nobel del Vaticano para sus creyentes. Se ausenta 13 días el Presidente; es mucho tiempo, hará falta; aquí hay orgía de peculados, estafas al paga-impuestos, enredos jurídicos, pánico a los impuestos que vienen y protestas por los cocteles derrochones navideños en la burocracia. Y sumen la fiesta de las camionetas blindadas que van para la Costa con sus jefes. Si llegó la paz, ¿por qué tantos señorones en camionetas antibalas? ¡Porque eso les sube el ego vanidoso!

Buen periplo a los viajeros, y cuídense de la diabetes, a la que alborota la dulce pastelería de Noruega y Suecia. Y no perder el pasaporte: nunca faltan los carteristas, que andan en rebusque navideño. Y no sufran por los aguinaldos: regalen paraguas baratos o artesanías colombianas o tortas, que son ricas y ¡no tienen mermelada!

Poncho Rentería

Columnistas

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