Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

'Los colores de la montaña'

Por: PLINIO APULEYO MENDOZA | 8:16 p.m. | 31 de Marzo del 2011

    No acostumbro a comentar películas en esta columna, pero hoy sin remedio debo hacerlo después de haber visto 'Los colores de la montaña'. Por muchas razones, es una película extraordinaria. Nos dibuja, en primer término, un mundo campesino muy nuestro, muy auténtico, el de la Antioquia profunda, con su gente y los bellísimos parajes de la cordillera donde transcurre su vida. Los personajes que seguimos de cerca son, en su mayoría, niños. Se mueven en un mundo exclusivamente suyo, en torno a juegos y travesuras, a veces en un improvisado campo de fútbol, a veces en el aula de su escuela rural o en caminos, establos y rústicas casas de campo.

    Reales protagonistas del filme, los niños apenas si prestan atención a la inquietud de sus padres cuando de lejos estos divisan hombres armados que avanzan por una ladera o por un sendero y que en unos casos son paramilitares y en otros, guerrilleros. Siempre a la distancia, uno escucha que deteniéndose delante de una casa dejan recados con su mujer al campesino que la habita, mensajes que unos esquivan y otros atienden siempre movidos por el mismo temor. A 'paras' y guerrilleros nunca los vemos de cerca. Son como grupos fantasmales que aparecen de improviso, con uniformes o sin ellos, en algún lugar remoto del paisaje. No entramos en el mundo de estos grupos, ni asistimos a sus combates. Su presencia es esporádica.

    Los niños, cuyos pasos vamos siguiendo todo el tiempo, solo están interesados en recuperar un balón de fútbol que quedó en el mismo lugar donde días antes una marrana saltó por los aires al pisar una mina. Este es el único hecho que perturba a cuantos viven en aquellos parajes; eso, o de pronto el rumor de un helicóptero o el ruido de un disparo.

    De este modo, la construcción narrativa de Carlos Arbeláez, el sorprendente director de Los colores de la montaña, evade deliberadamente tramas de acción y suspenso, tan en boga hoy en día, para introducirnos sin dramatismo en un mundo campesino, de modo de compartir su visión. Solo de manera accidental sabemos de la presión que ejercen los grupos armados sobre los padres de los niños. Con el tiempo vamos percibiendo las peligrosas consecuencias que tiene cualquier actitud de ellos y la inquietud de la joven maestra cuando advierte que uno tras otro van desapareciendo alumnos suyos, llevados de prisa por su familia a lugares más seguros. Es como una silenciosa diáspora.

    El desenlace del filme acaba revelándonos la realidad de los desplazados, la vida que dejan atrás para siempre y la incertidumbre que les aguarda. Las montañas que los niños, conducidos por su maestra, han pintado en la pared de la escuela, con sus fastuosos amaneceres y crepúsculos, quedan allí, sin que uno deje de preguntarse en qué momento, para protegerse, se vieron obligados a abandonarlas quienes allí vivían. Lo terrible es darse cuenta de que la historia que Carlos Arbeláez nos cuenta es muy real y sigue repitiéndose hoy en día.

    Ahora, en reemplazo de los paramilitares, surgen las bacrim, igualmente bárbaras. Y, como resultado de la guerra jurídica que alarma a los militares y los confina en sus guarniciones, la guerrilla, de su lado, reaparece en muchas regiones del país con ataques por sorpresa, cilindros explosivos, carros bomba, dinamita en oleoductos, secuestros y vacunas. Y no es de extrañar que, como vemos en Los colores de la montaña, familias campesinas solo tengan la alternativa de atender las órdenes de estos grupos o emigrar. Nadie había conseguido hasta ahora hacernos compartir su secreto drama, luego de pintarnos su vida, sus alegrías, esperanzas y temores, como lo ha hecho con una pasmosa fidelidad el mejor de nuestros nuevos directores de cine. Una revelación, sin duda.

Herramientas

Publicidad

Paute aquí

Patrocinado por:

ZONA COMERCIAL

Paute aquí
[an error occurred while processing the directive]

Reportar Error

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

Respuesta

Recordar clave

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.