Negros malucos

Negros malucos

País farsante que solo ensalza a los negros cuando son estrellas deportivas.

22 de agosto 2016 , 12:12 a.m.

Nos importa un comino lo que pasa en Chocó. Nos vale huevo que unos negros ‒que además son pobres‒ no tengan carreteras, hospitales, energía o acueducto. Nos importa tres pesos que sus líderes cívicos salgan a marchar para pedirle ayuda al Gobierno. Nos importa cinco que no tengan baños o que vivan en casuchas que se derrumban con un chubasco.

Y es que los negros nos dan asco. Nos hastían, nos fastidian, nos repugnan hasta el cansancio. Somos un país clasista y racista que siente por ellos un profundo desagrado. Tal vez por eso los seguimos tratando como esclavos. Tal vez por eso los insultamos a diario con nuestro vocabulario: ‘Trabaje como negro’, ‘día negro’, ‘mercado negro’, ‘oveja negra’, ‘mano negra’ son algunas de las frases que pronunciamos sin vergüenza ni recato. Como si la palabra ‘negro’ fuera sinónimo de perdición y decadencia. Como si ser negro fuera una epidemia, una enfermedad que se contagia como la lepra. Un castigo divino que solo 4 millones de personas tienen la desgracia de recibir en este mundo: nacer en Colombia y en un cuerpo de color.

Porque ser negro en Colombia es mucho peor que ser negro en cualquier lado. Peor, incluso, que en Estados Unidos, uno de los países más racistas del globo terráqueo. Un país donde los negros sufren a diario por los abusos de la Policía y el sesgo de un sistema judicial controlado por blancos. Pero allá, por lo menos, la mitad de los negros va a la universidad. Acá, en cambio, solo el 10 por ciento logra entrar. Allá, para no ir más lejos, eligieron a un negro como presidente. Acá se les da un ministerio como para guardar las apariencias.

Y si además de negros también son pobres, entonces se los llevó el diablo. Nos importa un comino la situación de los miles de desplazados afrocolombianos. Nos importa un comino lo que pase en Quibdó, Turbo, Buenaventura y Tumaco. Nos importa un comino que tengan hambre, que los maten los narcotraficantes, que se prostituyan sus hijas y madres, que no tengan dónde hacer sus necesidades, que los políticos de sus regiones se roben las regalías de sus tierras y mares o que los exploten los industriales del Valle y de tantos otros lugares.

A los colombianos solo nos importan nuestros negros en un momento específico del tiempo: en los Juegos Olímpicos de cada cuatro años. Esa misma raza que tanto despreciamos y olvidamos, nos acaba de dejar en Río de Janeiro por todo lo alto. Gracias a Caterine Ibargüen, Oscar Figueroa, Yuberjen Martínez, Yuri Alvear, Luis Javier Mosquera e Íngrit Valencia, Colombia obtuvo 6 de las 8 preseas en estas contiendas.

Felicitaciones país hipócrita, desleal y oportunista. País farsante que solo ensalza a los negros cuando son estrellas deportivas.

PAOLA OCHOA@PaolaOchoaAmaya

Columnistas

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