El hablador

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¿De qué hablará Santos en sus conferencias a 300 millones de pesos?

26 de junio 2018 , 12:00 a.m.

7 de agosto de 2018. Esa mañana, Juan Manuel Santos se despertó, por última vez, en la habitación principal de Palacio. Parecía meditabundo y aturdido. Estaba tumbado, abombado, parduzco, letárgico. Tenía los ojos brotados, la mirada perdida y una decena de promesas incumplidas que durmieron en su cama durante dos largos mandatos.

Era su último día en la Casa de Nariño. Ese sitio que decoró con cortinas de lujo y sábanas de lino, las dos vanidades típicas de los aristócratas capitalinos. Allí donde repartió almendras a sus amigos, mandó latigazos telegrafiados a sus enemigos y desparramó alfombras rojas a sus invitados internacionales más sofisticados y lindos.

Pero, esa mañana, Juan Manuel Santos no era el mismo. Era incapaz de moverse, incapaz de defenderse, incapaz de balancearse hacia los lados para no morir aplastado por Uribe y su sed de venganza. Se sentía como un insignificante cero a la izquierda en un gobierno de ultraderecha con ánimos de revancha.

Ese 7 de agosto, Juan Manuel Santos se convirtió en el expresidente más impopular de toda la historia colombiana. No podía vanagloriarse de su premio Nobel de paz porque nunca alcanzó la paz. Y tampoco la dejó bien cimentada: no pudo sacar adelante la reglamentación de la Jurisdicción Especial de Paz, la columna vertebral de todo lo que negoció en La Habana con las Farc.

Y, ahora, Santos espera ganarse la vida dictando conferencias a 300 millones de pesos. ¿Diciendo qué? ¿Qué hizo tan bueno que valga la pena contar?

Tampoco llegó a nada con el Eln, un grupo que se burló de su gobierno desde el comienzo hasta el final. Ni logró lo del sometimiento de las ‘bacrim’, que fue puro cuento y nada más.

Y, ahora, Santos espera ganarse la vida dictando conferencias a 300 millones de pesos. ¿Diciendo qué? ¿Qué hizo tan bueno que valga la pena contar? ¿Qué cosas merecen ser mencionadas en una tarima internacional? ¿Cuáles son los grandes logros de su gobierno que sirvan para una conferencia de talla mundial?

No será en materia económica, en la que Santos deja la olla raspada y con la regla fiscal inviable y partida por la mitad. Tampoco será en materia gerencial, en la cual las agencias que Santos creó –la minera, la ambiental y la de infraestructura– nunca fueron ejemplo de eficiencia, meritocracia o tecnocracia. Todo lo contrario: terminaron llenas de corrupción y ‘mermelada’.

Tampoco dará conferencias sobre la lucha contra el narcotráfico. Porque Santos deja como legado el mayor ‘boom’ cocalero en toda la historia de un país latinoamericano. Ni hablará de política internacional, en la que deja débiles y timoratas las relaciones con los gringos, los nicaragüenses y los venezolanos.

Tampoco dará conferencias sobre la lucha contra la corrupción, un campo donde los escándalos diarios ocuparon las principales páginas de los medios colombianos: Odebrecht, Sena, Fonade, Cemex y los carteles de la alimentación. Y la corrupta financiación en las últimas elecciones a la Cámara y Senado, que demuestra que nada ha cambiado.

Santos tampoco puede hablar de su legado en materia de educación, una cartera en la que tuvo tres ministros que no sabían nada de educación. Ni podrá mencionar su supuesto compromiso con la ciencia y la innovación, en el cual tuvo nueve directores del Colciencias y varios –y muy cuestionados– directores del Sena.

Tampoco dará conferencias sobre su legado en materia de minas y energía, por donde pasaron siete ministros en el ramo. ¡Siete ministros en ochos años! Siete cambiazos que no le permitieron planear políticas a largo plazo ni diseñar mecanismos para delimitar las consultas previas, que hoy tienen el sector minero contra las cuerdas.

Entonces, ¿de qué hablará Juan Manuel Santos como conferencista internacional que cobra 300 millones de pesos por una hora? Claramente, no podrá ser sobre el buen gobierno, ese que tanto pregonó como mantra durante estos ocho años.

Me muero de la pena, pero yo no veo esas conferencias por ningún lado. A excepción, tal vez, de la feroz lucha que dio el superintendente Pablo Felipe Robledo para combatir los carteles del empresariado. O del buen gerente que nombró como presidente de Ecopetrol: Felipe Bayona, un hombre ajeno a la politiquería y los intereses económicos que se mueven detrás de los contratos.

Pero, más allá de esas dos cosas, no les veo tema a las conferencias internacionales que dictará Juan Manuel Santos.

PAOLA OCHOA

Columnistas

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