Chibchombia

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Estados Unidos ya no puede decirnos cómo comportarnos. Gracias, señor Trump.

14 de noviembre 2016 , 12:25 a.m.

Donald Trump ha logrado lo que parecía imposible: que los latinoamericanos nos sintamos felices con nuestros países. O por lo menos que no nos sintamos tan mal, como siempre nos han hecho sentir los gringos con su insoportable superioridad moral.

Y es que gracias a Donald Trump, hoy los venezolanos se sienten menos avergonzados de elegir a un dictadorzuelo; los guatemaltecos, de votar por un payaso; los brasileños, de nombrar corruptos durante los últimos 15 años; los mexicanos, del oso mundial por la doble fuga del ‘Chapo’, o los argentinos, por las décadas durante las cuales los Kirchner robaron al país a cuatro manos.

Pero, sobre todo, el triunfo de Donald Trump nos hace sentir un poco mejor a los colombianos. Porque ya no parecemos tan esquizofrénicos por haber votado ‘No’ al acuerdo de paz. Porque ya no parecemos tan dementes de querer negociar con el Eln, un grupo que no muestra ninguna voluntad de paz. Porque ya no parecemos tan estúpidos por elegir alcaldes como Gustavo Petro o Samuel Moreno, o por tener a tres exgobernadores de La Guajira presos.

Porque gracias al triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, hoy sentimos menos vergüenza de Vivian Morales y su marido. Porque gracias a Trump, hoy nos da menos pena que la nueva Ministra de Educación no sepa nada de educación, que la costa Caribe esté a punto de entrar en un apagón, que el aeropuerto El Dorado colapse por un simple avión o que roben en una iglesia a unas señoras estrato seis durante su grupo de oración.

Ni García Márquez, ni el Nobel de Paz de Santos, ni los goles de James o Falcao, ni las ranas multicolores, ni la variedad de pisos térmicos ni los atardeceres llaneros me han hecho sentir tan orgullosa de ser colombiana como ahora este triunfo de Trump. Un payaso misógino, xenofóbico, racista, ignorante y ordinario que llega a la presidencia de los Estados Unidos de América para acabar con lo poco queda del planeta.

Un bufón que tendrá la posibilidad de echar para atrás todo lo que había logrado su antecesor: el acuerdo nuclear con Irán, el acercamiento con Cuba, el distanciamiento del régimen de Bashar al Asad en Siria, el acuerdo mundial contra el cambio climático y la ayuda económica para los países de Latinoamérica. Un bastardo que tendrá la posibilidad de elegir hasta tres jueces de la Corte Suprema con sus consecuencias para todas las generaciones venideras en temas de derechos fundamentales en Norteamérica.

Lo dijo Paul Krugman, premio Nobel de Economía: Estados Unidos demostró ser un estado fallido, con ciudadanos fallidos, con gente blanca en áreas rurales que aún cree en el patriarcado y en la jerarquía racial. Un país lleno de prejuicios raciales y de aversión hacia las mujeres que está cavando su propia tumba y la del resto de sus socios en el contexto mundial.

Y por eso, Estados Unidos ya no tiene cómo aleccionarnos. Al elegir a Trump, se quedó sin autoridad moral para decirnos al resto cómo debemos comportarnos.

PAOLA OCHOA@PaolaOchoaAmaya

Columnistas

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