Chantajistas

Chantajistas

Somos un país de extorsionistas.

12 de junio 2017 , 10:46 p.m.

Yo chantajeo, tú chantajeas, él chantajea, nosotros chantajeamos, vosotros chantajeáis y ellos chantajean. Así se conjuga el verbo predilecto de los colombianos en estos tiempos turbulentos marcados por la intimidación, las amenazas y las exigencias. Basta mirar lo que está ocurriendo con el desbordamiento de paros, marchas, consultas populares y guerra por la mermelada.

Chantajistas, para empezar, los maestros de Fecode. Sindicato profesional de extorsionistas que lleva casi un mes en paro sin ceder medio gramo, a tal punto que no quieren aceptar mediador para destrabar la mesa de negociación. Hace rato que los maestros le midieron el aceite a la ministra del ramo, a quien ya esto se le salió de las manos y por eso unos 8 millones de niños siguen hoy de vagos. Nacho lee si Coquito extorsiona: esa es la gran enseñanza que les están dejando los profesores al alumnado.

Chantajista el propio presidente Juan Manuel Santos. Tiene a todo el país aguantando fast tracks, concesiones y beneficios a diestra y siniestra. Todo para justificar una tal paz que no existe –ni va a existir– gracias a semejante incapacidad para gobernar y para solucionar los problemas más básicos de la gente pobre y honesta. Ni regalándoles Belén de Bajirá a los chocoanos, ni subiéndoles el sueldo a los trabajadores del Estado ni dándoles plata en un fondo autónomo a los habitantes del mayor puerto colombiano va a lograr la paz estable y duradera que tanto cacarea. La gente tiene hambre y necesidades insatisfechas; no importa cuántas armas hayan entregado las Farc en las últimas semanas.

Chantajistas los alcaldes y concejales de varios municipios petroleros y mineros. Los mismos que tras perder un gran pedazo de las regalías durante la última reforma de estas, decidieron que ahora sí les importa el agua y ya no tanto el dinero. Tras bambalinas, promueven la ola de consultas populares como la de Cumaral y Cajamarca. O le echan leña al fuego de las decisiones de sus concejos como en Jericó y Támesis, donde ya quedaron vetadas las maléficas multinacionales minero-energéticas de por vida.

Chantajistas los concejales de Bogotá. Los mismos que se le voltearon al alcalde Enrique Peñalosa, a quien el proyecto de valorización se le hundió como por entre un hueco y dejó colgadas de la brocha más de cuarenta obras. Cambio Radical fue el más torcido, todo por las elecciones del año entrante para que los voticos no se vayan ofendidos, y no castiguen a Germán Vargas Lleras, quien ya se cree el presidente ungido.

Chantajista el expresidente Álvaro Uribe. El mismo que ahora habla pestes de Colombia cuando está por fuera, sin importarle si su lengua viperina afecta la economía o la inversión extranjera. La misma con la que defendió a capa y espada los huevitos de la confianza inversionista y la seguridad democrática, pero que ahora usa para intimidar y boicotear permanentemente a un gobierno que aborrece hasta la médula.

Chantajistas los sindicatos de las empresas públicas. Los mismos que durante años chuparon rentas, convivieron con la corrupción del gerente de turno a cambio de prebendas. Hoy desembocan en descalabros financieros como el de la antigua Telecom y el billón de pesos largo que hay que meterle para cubrir el pasivo pensional que se debía haber pagado con el negocio con Movistar. Ojo porque lo mismo puede pasar con otros sindicatos como el de la ETB o el del Acueducto de Bogotá, cuyos chantajes y extorsiones tarde o temprano se pagan con sangre o, mejor, con la plata de los impuestos de los colombianos.

Chantajistas los gringos. Chantajista el embajador Whitaker quien por medio de una carta criticó a la Corte Suprema por haber dejado en libertad a un guerrillero de las Farc pedido en extradición por secuestrar a un ciudadano norteamericano. Una carta en la que recuerda –con tonito subliminal de amenaza– que Estados Unidos seguirá persiguiendo este caso, el cual considera preocupante y que puede poner en riesgo la relación entre ambos países.

Chantajistas todos. Chantajistas ordinarios y baratos.

PAOLA OCHOA

Columnistas

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