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La recesión global que hoy está en marcha es el resultado de un pánico financiero y de una incertidumbre más elemental sobre la futura dirección de la economía mundial. Los consumidores cancelan compras de casas y automóviles no sólo porque sufrieron un golpe a su riqueza tras la caída de los precios de las acciones y el valor de sus viviendas, sino porque no saben adónde recurrir. ¿Deberían arriesgarse a comprar un auto nuevo cuando los precios del combustible podrían volver a subir? ¿Podrán poner comida en la mesa después de la aterradora subida de los precios de los alimentos este año?
Las decisiones sobre las inversiones comerciales son aún más sombrías. Las empresas se rehúsan a invertir en un momento en que la demanda de los consumidores se desplomó y enfrentan sanciones por riesgo sin precedentes por sus costos de préstamo. También enfrentan enormes incertidumbres. ¿Qué tipo de centrales eléctricas serán aceptables en el futuro? ¿E.U. puede todavía permitirse un estilo de vida suburbano, con casas expandidas en amplias comunidades que exigen realizar largos trayectos en automóvil?
Después del liderazgo confuso y equivocado de Bush, que no marcó un sendero claro para las políticas de energía, salud, climáticas y financieras, Obama tendrá que definir la futura dirección de la economía norteamericana.
E.U. no es la única economía en esta ecuación. Necesitamos una visión global de recuperación sustentable que incluya el liderazgo de China, India, Europa, América Latina y sí, incluso de África, durante mucho tiempo marginada de la economía mundial, pero ahora parte importante.
Hay pocos puntos claros en medio de incertidumbres. Primero, E.U. no puede seguir pidiéndole dinero prestado al resto del mundo como lo hizo en los últimos ocho años. Las exportaciones netas de E.U. tendrán que aumentar, lo que implica que las exportaciones netas de China, Japón y otros países con excedentes comerciales disminuirán. Los ajustes necesarios representan una oscilación de déficit a equilibrio de un volumen considerable de alrededor de 700.000 millones de dólares en la cuenta corriente estadounidense, o cerca del 5 por ciento del PBI de E.U.
El excedente comercial de China podría reducirse en la mitad de esa cantidad, lo que representa un viraje en el PBI chino de las exportaciones netas a la demanda interna equivalente a entre el 5 y el 10 por ciento del PBI de China.
Segundo, la caída en el consumo en E.U. debería compensarse por un incremento de la inversión estadounidense. Obama hizo hincapié en la necesidad de una "recuperación verde", es decir, una recuperación basada en tecnologías sustentables, no simplemente en gasto de consumo.
Se debería reequipar a la industria automotriz de E.U. para fabricar automóviles con bajas emisiones de carbono: híbridos eléctricos o vehículos simplemente operados a batería. Cualquiera de las dos tecnologías dependerá de una grilla eléctrica nacional que utilice formas de generación eléctrica con bajas emisiones, como plantas eólicas, solares, nucleares o alimentadas a carbón que capturan y almacenan las emisiones de dióxido de carbono.
Tercero, la recuperación de E.U. será creíble si hay una estrategia para reordenar las finanzas del gobierno.
Obama necesitará poner en marcha un plan fiscal a mediano plazo que restablezca las finanzas gubernamentales. Esto incluye poner fin a la guerra en Irak, aumentarles los impuestos a los ricos e implementar -en fases y de manera gradual- nuevos impuestos al consumo.
Cuarto, las regiones pobres del mundo deben verse como oportunidades de inversión, no como amenazas o lugares que deban ser ignorados. En un momento en que las principales compañías de infraestructura de E. U., Europa y Japón tendrán una capacidad ociosa considerable, se debería financiar un gasto en infraestructura a gran escala en África, para construir caminos, centrales eléctricas, puertos y sistemas de telecomunicaciones.
Siempre que los préstamos sean a largo plazo y conlleven una tasa de interés modesta (digamos, préstamos en dólares a 25 años a un 5 por ciento anual), los países receptores podrían saldar los préstamos gracias al importante estímulo en los ingresos que resultaría en el transcurso de una generación. Los beneficios serían extraordinarios para África y para los países ricos, que volverían a poner a trabajar a sus empresas y trabajadores calificados. Este tipo de créditos, por supuesto, exigiría una iniciativa global, en un momento en que ni siquiera las empresas de primera línea pueden pedir prestado por una noche, muchos menos por 25 años.
En los ciclos comerciales característicos, por lo general se deja que los países gestionen la recuperación, esencialmente, por cuenta propia. Esta vez necesitaremos de la cooperación global. La recuperación demandará importantes cambios en los equilibrios comerciales, las tecnologías y los presupuestos públicos.
Llegamos a un momento en la historia en que el liderazgo político global cooperativo es más importante que nunca. E.U. dio un paso gigantesco hacia adelante con la elección de Obama. Ahora es hora de actuar.
*Director del Earth Institute de la Universidad de Columbia
© Project Syndicate, 2008
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