Tuve un domingo contradictorio, muy de mañana, tras sortear el ejercicio matutino del desayuno, para soportar la tardanza en la llegada de la revista 'Semana', abrí el correo electrónico y, oh sorpresa, tenía un mensaje del noble Gerente de Intercambio del Banco de África Musa Issah, quien con un 'link' de la BBC de Londres como prueba, me enteró de la muerte de mi pariente Oregon Betray, en un accidente aéreo el 31 de julio del 2000. Descanse en paz Oregon, pensé. Qué otra reacción podía embargarme ante el calamitoso hecho de enterarse de la muerte de un pariente, que no porta tus apellidos, de quien papá y mamá nunca te hablaron, ocho años después. No niego que sentí algo de pena y rabia con mis padres, que jamás acudieron a aquel pariente que nos hubiera ayudado a evitar las penurias de nuestra familia de clase media. Puede que Oregon sea el nombre que tomó un tío de mamá que fue amigo de borracheras de Pablo Escobar, de quien supe por última vez en 1994, cuando purgaba una pena por hurto simple; Manuel Orlando se llamaba él, y entre risas, pienso ahora que el muy jodido se volvió narcotraficante y decidió irse a vivir tranquilo al África. Por otro lado, pensé que no era tarde enterarse de la tragedia familiar, dado que el mundial de futbol de 2010 se realizara en el continente negro y será buena disculpa la visita a su tumba a los 10 años de fallecido para volar tras los pasos de Kaká y Messi.
Con incertidumbre, avancé en la lectura del correo sin evitar el rostro de sorpresa al enterarme que mi pariente me heredó 7.5 millones de dólares que pasaran a mi cuenta bancaria dentro de los próximos 14 días hábiles bancarios. Se imaginan ustedes la emoción, ayer recibí el extracto de la única cuenta que poseo, con un capital 12.000 pesos, que en menos un mes se multiplicaran para darle la bienvenida a una suma que supera los 12 mil millones de pesos, luego de pagarle al gentil señor Issah el porcentaje que me exige por su gestión ante el Banco de África en Burkina Faso.
El señor Issah me rogó prudencia y reserva, pero soy colombiano, ya malgaste lo de la cuenta en una docena de voladores de 3 bombas y dos botellas de Old Parr, no puedo evitar la fiesta hasta por las expectativas, poderme endeudar para celebrar estos 15 días mientras llega la plata de mi amado tío Oregon, será la solución para afrontar desde hoy mismo mi nueva realidad de hombre adinerado. Mientras les cuento tan asombrosa noticia, mi novia y mi hermano viajan rumbo al Caribe a organizar la celebración para la cual pienso alquilar un avión que transporte a mis parientes y amigos más cercanos y pienso pedirle a la mujer con quien he compartido el último año y medio que se case conmigo.
Estoy feliz, ya no tendré que preocuparme en la vida por el innecesario dinero; si lo invierto en una pirámide pronto lo multiplicare por 30, escribiré en una playa, el tortuoso desayuno será a la media mañana, no me estresara el costo de vida, creo que estudiare literatura inglesa por placer y estaré en el próximo mundial de fútbol como agradecimiento al tío Oregon Beatry, que supo morirse para hacerme feliz.
Se dan cuenta, pensamientos de nuevo rico me empiezan a dominar, el tío ya me importa un bledo, creo que siempre me sentí millonario, solo me faltaba el dinero para serlo; ya llame a putear a la señora de los domicilios por la demora con el almuerzo que pedí hace dos minutos. Algún día, cuando pensaba ser rico comprando el baloto, se me ocurrió que con un porcentaje del premio patrocinaría obras sociales, ahora creo que no me quedara tiempo para curarle el hambre a otros. Acaba de informarme papá, que les ha regalado el negocio del que proviene su sustento a los empleados. Para qué pensar como pobres, me dijo, ahora hay que pensar en industria, empresa, nada de negocios de pueblo.
Los dejo, voy a telefonear al señor Issah al +226 76 12 43 11 para agradecerle, compartirle mi felicidad y confirmar que al correo musa_issah07@biz.by, del que me escribió, le llegaron los datos que me demanda: nombre, país, ocupación, teléfono, edad. No me puedo arriesgar a que aparezca otro supuesto pariente de Oregon Betray, aunque no creo que el señor Issah, con la amabilidad que denota su ingles escrito, quiera verme cara de tonto y después me exija que le consigue una cantidad en una cuenta personal suya para otros tramites, que después me pida llamarlo a pedirme más dinero y que cuando le haya dado unos cuantos millones de pesos se desaparezca. Porque, aunque se me ocurre en la imaginación macondiana que Oregon Betray, obedece al Orlando Beltrán que conocí de niño, no creo que en realidad sea él; por lo tanto, no creo que sea cierta la información del correo y estoy seguro de que todo es falso y que si ustedes reciben un correo similar y hacen caso a las indicaciones que les darán, seguro que se exponen a ser atracados.
Tengan cuidado. Nadie gana loterías sin comprarlas o herencias millonarias de desconocidos. Este texto es una burla sobre los correos que ofrecen loterías y herencias, pero sé que hay quienes al recibir estas supuestas noticias lo toman en serio, cometiendo un grave error. Julio César Luna, el histórico actor y director colombiano, lo sufrió, a cualquiera le puede ocurrir, solo quiero que no sea usted otro damnificado por la ambición, está advertido.
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