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Refutación a María Isabel Rueda

De la pluma vencedora de la espada
 
A la pluma como espada... decapitadora

Más allá de ignorar el devenir de un tema e irse con pasos medidos, como recomendaría una serena inteligencia, se encuentran posturas que sin importar la información o el conocimiento específico se lanzan a denostar contra lo que consideran amenaza del Orden, establecido por una sola verdad, de la cual se asumen representantes y defensores directos.

Esa única verdad del orden establecido es: el concepto eurocentrista del Estado-Nación.
Y una de sus representantes y defensoras es: la periodista María Isabel Rueda.  

El espacio en el cual blande su pluma, como espada decapitadora, es el artículo del pasado domingo 20 de octubre, en el diario EL TIEMPO de Bogotá. En este artículo, la escudera del orden divino de la única cultura universal, la "judeo-cristiana, eurocéntrica y capitalista", expresa su consigna hegemónica en tres frases revelatorias:

1) "La impunidad con la que actúan amparados en su condición de minoría étnica"  

Esta frase desnuda la flagrante faceta totalitaria de la periodista, negando con ello la naturaleza a la diferencia y al desafío de entendernos respetando las distintas maneras de vivir que tengan los pueblos del planeta.

Le Clézio, el reciente Premio Nobel de Literatura, escribe sobre el "silencio indígena", ese mismo en el que se ahondó durante más de 300 años de colonialismo y más de 100 años de vida republicana en América Latina, y que justo a mediados del siglo XX ha venido a emerger de allí, de ese "silencio colectivo", una voz acumulada de siglos, una voz que quiere restaurar la manera de ser de los nativos de América (Abya Yala) y concluye el Premio Nobel francés: ¿"Por qué no los escuchamos? (...) "Yo tengo ganas de escucharlos".

Invitamos a la autora de este artículo a darse una vuelta por lo países nórdicos y recoja los logros del pueblo sami, que hoy gozan de una autonomía social y territorial, cuyos gobiernos nacionales respetan y muestran orgullosos como conquista del entendimiento y el respeto humano.

2)  "Es una actitud egoísta que me enferma" (refiriéndose a la conservación de la singularidad indígena). 

Aquí es inevitable referirnos al proceso de consolidación del proyecto Nacional Socialista Alemán, en la década del 30 del siglo XX, a sus líderes les enfermaba de los judíos: el estilo de vida propio, los rituales consagratorios y la manifiesta solidaridad entre ellos. A la señora Rueda le enferma que no sean como el resto de los colombianos.

3) "Tampoco nosotros debemos seguir con el complejo de pasar por alto sus desmanes, limitándonos a murmurar en voz baja: "pobrecitos; es que son indígenas".

Son desmanes las acciones de recuperación de la tierra y de su gobierno autonómico; son actos de conmiseración los cándidos e inaceptables conceptos sobre la metáfora de la sangre de la tierra... y de su implícita relación con el calentamiento global, como argumento para evitar la explotación del subsuelo... ya que este les "pertenece" a todos los colombianos.

Voltaire decía que "es peligroso tener razón cuando el gobierno está equivocado", frase típica de su filosofía irónica, pero que utilizo para enfatizar que escribir, desde este lado de la oposición, es particularmente arriesgado en un país en donde muchas de sus esclarecidas voces, que generan conciencia social, demandan obediencia absoluta a su Presidente; de lo contrario, nos llega lo que no nos aguantamos del tema "x", lo que no nos aguantamos del tema "y"...

Sabemos, de antemano, que a todo esto lo refutará con la simple argumentación de "las mayorías del mundo no pueden estar equivocadas".

Al término de la lectura de esta columna sentí la presión de un empujón que me tiraba 200 años atrás sobre el tortuoso camino de construcción democrática que ha recorrido Colombia; sentí la enorme lejanía del espacio en donde construiremos el sueño de tener una nación de naciones, superando, por fin, el "redivivo cadáver" del unitarismo de Núñez y de su íncubo virreinal.

Si alguna vez me imaginé cómo sería un artículo de la época colonial sobre la hegemonía de una cultura, pero desde un lenguaje moderno, ese artículo sería este,  titulado: 'Lo que no aguanto del tema indígena', escrito por una periodista que no deja de ser una vocera del poder neoconservador en los trópicos del mundo. Vocera con indumentarias desechables, que cambiará de parecer de acuerdo con las últimas argucias intelectuales de la metrópolis anglosajona, estrella matutina del pensamiento sátrapa de muchos académicos y comunicadores de la América hispanoparlante.

En lo que sí puede estar segura la periodista Rueda es que esta refutación está alejada de todo estereotipo de conmiseración, que por cierto han sido creados por el lenguaje del poder coercitivo de Occidente: crea el pecado... y la paga; esclavizan... y luego señalan de pobrecitos a los que obedecen; invaden... y luego estigmatizan de rebeldes a los que se levanten. El presente de Colombia se sigue escribiendo con la punta ensangrentada de la espada neocolonial.

* Escritor de la cultura wayuu

amerindia@hotmail.com

Miguel Ángel López-Hernández (Vito Apüshana)

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