Prohibición de armas en Bogotá: falsa premisa
Por: JOHN LONDOñO | 6:00 p.m. | 08 de Febrero del 2012
Una de las cosas que más me sorprendió cuando llegué a vivir a Londres por casi un año fue encontrar que la policía no portaba armas de fuego. A los oficiales solo se les distinguía un bastón, un radio y un par de dispositivos al cinto, que adiviné debían ser gas lacrimógeno y tal vez una pistola de descarga eléctrica. Me sorprendió además porque llegué desde Colombia, donde es costumbre no solo ver a la policía fuertemente armada, sino al ejército en la calle a lo largo y ancho de las ciudades. También me causó sorpresa el respeto que genera el cuerpo policial londinense entre los ciudadanos: ellos ordenan parar, y la gente para; ordenan seguir, y la gente sigue; no necesitan la intimidación explícita de un arma de fuego. Por supuesto, está prohibido el porte de armas a cualquier civil; existen apenas seis armas en manos de civiles por cada 100 personas en Inglaterra. Londres, la ecléctica ciudad de 8 millones de habitantes en la noche y 16 millones en el día, tiene una tasa de homicidios de 2 por cada 100 mil habitantes, y bien podría uno pensar que es el resultado de una ciudad desarmada.
Años después, cuando llegué a vivir a Texas, lo que me sorprendió fue enterarme de que en este estado, donde viven cerca 24 millones de personas, existen cerca de 50 millones de armas de fuego en manos de los civiles, estadísticamente más de dos armas por persona; alegan que el porte de armas es un inalienable derecho constitucional. La probabilidad de encontrarse una persona armada en cualquier lugar es muy alta, y por eso se me aconsejó manejar cualquier tipo de incidente (por ejemplo, un choque leve del carro) con mucha calma: debía asumir que mi contraparte estaba armada, de igual modo que ella asumiría que yo estaba armado. Un criminal en este estado lo piensa muy bien antes de decidir cometer un asalto, pues bien sabe que seguramente se encontrará con una respuesta armada de su víctima: es claro que el porte de armas sirve como disuasivo a potenciales criminales. La tasa de homicidios en Texas es cercana de 5 por 100 mil habitantes; aunque muy baja, es el doble de la inglesa, pero similar a la de Nueva York, donde está prohibido el porte de armas.
Causa aún más sorpresa enterarse de que en Suiza existen 45 armas en manos civiles por cada 100 habitantes. Esto es debido en parte a la regulación del estado suizo, que obliga a los hombres que reciben entrenamiento militar básico a mantener su arma de dotación mientras sean parte de la reserva activa, después de lo cual, el arma puede permanecer en sus manos si el exreservista así lo desea. Se estima que en Suiza puede haber hasta 3 millones de armas en manos civiles; sin embargo, la tasa de homicidios solo llega a 0,4 por cada 100 mil habitantes.
Si nos atenemos a los tres ejemplos citados, la premisa de que a menos armas menos homicidios, que el alcalde Petro usa para justificar su medida de prohibición de armas en Bogotá, resulta falsa. Suiza, un país "armado", tiene 5 veces menos homicidios que Inglaterra, un país "desarmado". Si de desarmar se trata, hay que hacerlo primero con los criminales, que son los peligrosos, pues como sabemos todos, es muy dudoso que aquellos que viven del crimen vayan a cumplir con el mandato del alcalde de dejar las armas guardadas en sus casas. Y aunque no estoy muy seguro de que la "tensa armonía" que se vive en Texas sea la solución de seguridad que Bogotá busca, también creo que mientras nuestra fuerza policial no sea capaz de garantizar la seguridad ciudadana, como evidentemente es el caso en la capital (20 homicidios por 100 mil habitantes), no parece justo que el Alcalde les quite el derecho a los ciudadanos a defenderse de forma individual.
El crimen no se genera en el porte de armas, es más bien un síntoma de problemas estructurales más profundos: desigualdad, necesidades insatisfechas, exclusión, falta de oportunidades, etc. Son estos los problemas que debería ayudar a solucionar Petro, quien por lo visto, como en el cuento del esposo engañado, anda vendiendo el sofá. Acuérdese alcalde que no porque todos los bogotanos dejen el paraguas en casa, ese día dejará de llover.
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