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Pirámides y compraventas

Publicado el 23 de Noviembre de 2008

Es preocupante la actitud tomada por el Presidente en cuanto a las medidas adoptadas respecto a las pirámides, compraventas y prestamistas del sistema gota a gota.

Para ningún colombiano es desconocido el abuso al que hemos sido sometidos por esta clase de prestamistas; pero el debate no se hace sobre el fondo sino sobre la forma.

Las compraventas se constituyeron en Colombia como una respuesta a la necesidad de miles de colombianos que no tenían acceso a créditos bancarios, ya sea por la inmediatez o por la falta de respaldo. Así, era más fácil para una persona empeñar una olla, una estufa o una joya en el momento real de la necesidad y no tener que acudir a ninguna entidad bancaria. Al principio, el interés del 10 por ciento era cobrado descaradamente; luego fue disfrazado con la figura de la retroventa; pero en el fondo siguió siendo lo mismo.

De igual forma, el sistema gota a gota se constituyó en una forma fácil de conseguir un préstamo para la clase media y baja de nuestra sociedad; figura esta que viene siendo utilizada en diversas formas  por empresas, cooperativas y personas naturales. Pero, en fin, otra respuesta a una necesidad que nuestro sistema bancario no satisface y que, en últimas, a pesar de los altos márgenes de interés, ayudan a solucionar una necesidad inmediata que nadie más ha venido haciendo. La característica de esta clase de créditos es que quienes los hacen, por lo general no son personas tan apacibles y dispuestas a recurrir a la justicia para la recuperación de su cartera, sino, que para ello, recurren a la pistola, a la utilización de las tales oficinas de cobros, de bandidos, amenazas, etc., etc.

¡Pero es que esto no ha sido un misterio para nadie! Los Sanandresitos, los comercios de barrio, los pueblos, las plazas de mercado, las mismas entidades del Estado son los escenarios en donde se desarrolla este negocio... y todo bajo la mirada de todo el mundo. Entonces, ¿por qué hasta ahora la preocupación del Gobierno? ¿O es que también se desconoce la cuota en asesinatos y crímenes que han puesto estos negocios en el concierto delictivo de nuestro país?

¿A las pirámides quiénes son los que han llevado sus ahorros?  Miremos si no hay miles de policías y funcionarios públicos, trabajadores de juzgados y de la Fiscalía, del Congreso, de alcaldías, en fin, de todos y cada uno de los actores que conforman el país. Luego ¿no surge un conflicto de intereses entre los que investigan y los investigados?

Todo lo anterior nos hace pensar que si no es apresurado el Presidente  al tratar de acabar de la noche a la mañana con un mal tan arraigado en el seno de nuestras costumbres cambalacheras, sin detallar en las consecuencias que esto pueda traer. Creo que van a ser muchos los deudores que, apegados a las medidas adoptadas por el Presidente, van a querer no responder por sus deudas, y van a ser muchos los acreedores que no se van a quedar con las manos cruzadas al ver sus intereses afectados.

Señor Presidente: todo ello debe ser el resultado de un proceso concertado. Piense en las vidas, en las necesidades e intereses de los diferentes actores; piense en el conflicto social que se puede generar; piense en que todo esto no es más que el resultado de un sistema bancario abusivo y desconsiderado como el que tenemos, en donde una cuenta, en lugar de ganar, es devastada por tasas, impuestos y gravámenes que hacen que la gente día a día lleve su dinero a pirámides y a tenerlo debajo del colchón.

Finalmente, creo que todo esto está abriendo por fin el debate sobre la necesidad de acabar con este régimen de abusos, de corrupción, de intolerancia y de frialdad ante todo lo que pasa y pasa y los colombianos nos quedamos con las manos cruzadas viéndolo pasar.

Néstor Darío Triana Veloza

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