¿Mala educación? Zapatero a tus zapatos
Por: Arturo Argüello Ospina | 3:54 p.m. | 14 de Diciembre del 2010
Los resultados de Colombia en las pruebas Pisa 2009, que evalúan el aprendizaje de estudiantes de 15 años en comprensión de lectura, matemáticas y ciencias, no podían ser más que predecibles.
Colombia ocupó el puesto 52 entre 65 naciones participantes, y se ubicó por debajo de países como Chile, Uruguay, México y Trinidad y Tobago, pero por encima de otros como Brasil, Argentina, Panamá y Perú. No obstante, y aunque estos últimos datos parecieran animar un poco sobre el estado de nuestro sistema educativo con respecto al de otras economías de similares características, todos los resultados de Colombia en las tres áreas fueron significativamente inferiores al promedio de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, quien realiza periódicamente la mencionada prueba de Pisa.
Y es que en un país donde todo el mundo cree saber sobre la educación, donde los mal llamados dirigentes del sistema educativo, desde la cabeza hasta los pies, en su mayoría no tienen ningún tipo de formación en la disciplina de la educación; donde un alto porcentaje de profesores son bachilleres que nada conocen de pedagogía, y muchos otros, expertos en diversas disciplinas pero que nada saben de docencia; en una Colombia en donde esta masa que desconoce por completo la teoría y la práctica de un campo de las ciencias sociales que se ha desarrollado formalmente durante más de dos siglos, toma las decisiones sobre el futuro del país al señalar qué y cómo se debe aprender, no se puede esperar nada diferente: ¡mala calidad, pésimos resultados y, con el tiempo, una nación ignorante condenada a la pobreza!
La educación (así como la medicina, el derecho y la economía) es un campo del saber que no se aprende por el simple hecho de tener contacto con el sistema, en este caso, educativo: no basta con tener años de experiencia como docente (se puede ser un pésimo profesor durante años y aún ganar mayor experiencia en ello); no es suficiente con saber uno que otro datico de las estadísticas sobre el tema y mencionarlas en alguna conferencia sobre prosperidad educativa; tampoco basta con creer que porque se tiene una opinión sobre la educación, ya se es experto en ella. ¡Para saber y poder ejercer la educación, hay que estudiar educación!
Aunque por el momento ni el Gobierno Nacional, ni el Distrital, ni Ascofade (Asociación Colombiana de Facultades de Educación), ni las cientos de asociaciones de colegios se han manifestado oficialmente sobre los resultados de las pruebas de Pisa, el análisis no puede llevarnos más que a un lugar conocido y ya enunciado, que si se aplica, nos llevaría a mejoras significativas en el sistema educativo: ¿mala educación?: zapatero a tus zapatos.
Si bien creo en la construcción social del conocimiento y en la educación democrática y participativa, también creo que es tiempo de que quienes toman las decisiones en materia de educación (Ministro, viceministros, secretarios distritales, etcétera) sean expertos en análisis de políticas en educación y no amigos cercanos de algún alto funcionario; es momento para que los currículos de educación básica, media y superior sean diseñados por expertos en el campo curricular y no por personas que a duras penas conocen el significado y el desarrollo conceptual de tan importante palabra. Es hora de que las clases sean desarrolladas por expertos en pedagogía y no por hábiles manipuladores del discurso, del PowerPoint y del tablero; y que la evaluación del aprendizaje sea planeada por expertos en esta área y no por simples creadores de encuestas. Valga la pena mencionar, una vez más, que por expertos me refiero a personas con formación en educación, certificadas para ejercerla y no a personas con muchos años de experiencia en su mala praxis.
Por favor, señora Ministra, téngalo en cuenta, si empezamos por esto, no me cabe la menor duda de que probablemente, en el 2020 o antes, lograremos una mejor educación y como reflejo de ello ocuparemos un mejor puesto en las pruebas de Pisa. Sin embargo, a la vez, tampoco dudo de que sin ello, señora Ministra, cualquier intento que se haga por mejorar la educación será como intentar apagar un incendio de gigantescas proporciones con unos cuantos pañitos de agua tibia.
La educación sufre el peor de los males, pero es también en ella misma donde se encuentra su remedio: pues la mala educación se combate únicamente con la educación de quienes la hacen mala.
Nota final (y pregunta para caso de estudio): ¿En qué radica el éxito del Icfes? Enhorabuena por esta entidad, que en cabeza de su directora, una verdadera experta en evaluación del aprendizaje (por supuesto, con estudios en el área), nos ha mostrado el estado del arte de la educación básica, media y superior en el país, y nos continúa señalando insistentemente, con evidencia prácticamente irrefutable, un frente sobre el cual el país debe actuar de manera inmediata y que el Gobierno actual parece querer ignorar en la agenda política de los próximos cuatro años: la pésima calidad de la educación.
Herramientas
Otras noticias hoy





