El pasado 27 de noviembre murió en Pensilvania el pastor presbiteriano George Docherty, quien pasó a la historia por haber persuadido al presidente Eisenhower y al Congreso de Estados Unidos de incluir en el juramento de fidelidad ('Pledge of Allegiance') la expresión "bajo el amparo de Dios".
Fue en 1954, durante el tradicional sermón anual que se celebraba en honor de Lincoln, cuando Docherty sugirió que la fórmula estaba incompleta, ya que al no hacer una referencia explícita a Dios ignoraba un elemento fundamental de la cultura norteamericana.
Para llenar ese vacío, Docherty propuso la expresión que Lincoln usó en el famoso discurso de Gettysburg, en el que calificó la Guerra Civil como un renacimiento de la libertad: "Resolvamos aquí firmemente que estos muertos no habrán muerto en vano; que esta nación, bajo el amparo de Dios, tendrá un renacer de libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, no desaparecerá jamás de la faz de la Tierra".
El prelado terminó su sermón sintetizando magistralmente cuál era el gran desafío de su tiempo: lograr una libertad que respete los derechos de las minorías seculares o ateas, sin sacrificar la fe en Dios, que es parte fundamental de la identidad de la nación.
Hoy podríamos decir que nuestra nación se encuentra ante un desafío similar. Las huestes del progresismo anticlerical se han declarado en alerta máxima ante la elección de Alejandro Ordóñez como Procurador General de la Nación.
Quienes intentan desprestigiarlo no han disimulado que su mayor preocupación son las convicciones católicas del jurista, que han quedado plasmadas en dos incidentes profusamente denunciados a través de los medios de comunicación: la instalación de un crucifijo en la plenaria del Consejo de Estado y la denuncia penal contra la revista 'SoHo' por una representación erótica de la Pasión de Cristo, acompañada de profusos insultos contra los cristianos y rematada con una invitación a matar curas.
Lo primero que hay que decir sobre la instalación del crucifijo es que lo verdaderamente llamativo habría sido que el Consejo de Estado no tuviera uno. Tanto la Corte Constitucional como la Corte Suprema de Justicia tienen sendos crucifijos como resultado de una realidad histórica: nuestra nación fue fundada sobre convicciones, principios y valores éticos cristianos. Quien se ofenda por eso es porque quiere, y su pelea es con la historia.
En cuanto al incidente de 'SoHo' sorprende que acudir a los tribunales, hacer uso de las acciones legales consagradas por el sistema jurídico y acatar los fallos de la justicia sea ahora un acto reprochable. La representación de Jesucristo como una mujer desnuda en trance orgásmico fue una ofensa gratuita que causó dolor a muchos cristianos en nuestro país, y el texto que la acompañó esmeró su prosa para no dejar dudas: "¡Cristianos cabrones! ¡Maricas! ¡Pirobos!".
Los de 'SoHo' no solo eran conscientes de que su contenido era insultante, sino que esa fue precisamente su estrategia comercial. Semejante actitud pareció a muchos, además de cínica, criminal, y era complemente legítimo solicitar un pronunciamiento de los tribunales.
Lo que el alud de escritos y declaraciones generados en los últimos días contra Ordóñez termina por demostrar es que quienes pretenden imponer filtros religiosos para acceder a cargos públicos, anulando a cualquiera que disienta de su particular visión ético-política, son verdaderos radicales, cuyo fanatismo y crispación plantean una amenaza para la vida política y el patrimonio cultural de nuestro país.
gabriel.rodriguez@estoesconmigo.org
Publicidad
COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.