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La confusión entre el gasto y la inversión

Analizando los balances de ejecución de los recursos de regalías presentados por algunos alcaldes ante los organismos de control del Estado, Contraloría y Procuraduría, que estos llaman Rendición de Cuentas, podemos certificar aún más el genio de los griegos que previeron lo importante que era para el hombre de Estado la habilidad en el manejo del discurso, la retórica, que amparado en la pereza intelectual del común de la gente les permite a los mandatarios de turno ganar para sí una "alta consideración". Consideración que solo es posible demostrar a través de la euforia de los ignorantes atribulados y de los beneficiarios o áulicos de esos presuntos mandatarios.

Estos balances hacen referencia a una altísima cobertura de servicios públicos, por lo que se nos ocurre preguntarles a los alcaldes y a los organismos de Control del Estado a qué se le llama cobertura: ¿a la cantidad de tubería instalada o al nivel de suministro? Porque si es a lo primero tienen razón los alcaldes, que por el lado de la instalación de redes justifican el gasto de los dineros públicos, pero si es a lo segundo la realidad desvirtúa esos informes, dado que en nuestros pueblos se han enriquecido muchos con el sofisma de la compra, el suministro y la instalación de las redes sin que se vean los resultados de los que declaran como inversión.

Esos discursos nos permiten entender que, definitivamente, cuando se trata de balances administrativos quienes rinden los informes registran, en su pretensión de favorecer su imagen, un inventario de obras intangibles que hacen parte de los proyectos por ejecutar, como parte de la ilusión de la comunidad, que no son más que necesidades básicas insatisfechas; y un inventario de obras tangibles que hacen parte de proyectos ejecutados, que son obras hechas realidad, que se transforman en beneficio común. Esos niveles de cobertura de que hablan los alcaldes no se reflejan en la realidad social de nuestros pueblos.

Es un axioma que el nivel de desarrollo de un pueblo se mide por el nivel de satisfacción de sus necesidades básicas y que para las comunidades humanas se convierten hoy en elementales los servicios de agua potable y energía eléctrica, lo que en nuestros pueblos es un problema que aún no está resuelto, a pesar de las altas "inversiones" en infraestructura, lo que no noS puede hacer creer que hemos superado el mal.

En cuanto a la instalación de tubería se evidencia que por este concepto, el del suministro, es por donde se desangra mayormente a nuestros municipios y se refleja el crimen palpable de que el problema sigue sin solución.

No se trata de soluciones parciales, se trata de soluciones definitivas y que se conviertan en prioridades administrativas tendientes al beneficio común y que se destierre el apetito insaciable por el beneficio individual que nos permite afirmar y casi demostrar que hoy en la administración pública colombiana todo buen proyecto sin un calanchín en el Gobierno termina siendo "un mal proyecto", pero un mal proyecto con un calanchín en el Gobierno termina convertido en "un gran proyecto"; esto, porque las obras no se ejecutan por el bien común, sino con el interés de beneficiar económicamente a quien las propone y no es más que una demostración de poder, mas no de una verdadera gestión.

Pensamos que los organismos de control no pueden declararse satisfechos solo con el discurso que "corre" en el papel, hace parte de sus funciones presionar para que la tinta armonice con la realidad y que se pueda distinguir entre el gasto y la inversión para descubrir que, seguramente, el suministro, en muchos casos, es una ingeniosa vía para gastar los dineros públicos, pero no una forma efectiva de invertir los recursos y generar progreso para los pueblos.

La anuencia al maquillaje en las sesiones de Rendición de Cuentas es una forma de legitimar las diversas formas de corrupción que cada cuatro años se inauguran en Colombia con la instalación del nuevo Gobierno. Corrupción que en algunos pueblos de la provincia colombiana ha generado nuevas formas de extorsión de parte de aquellos que conocen las debilidades de nuestros alcaldes y que han hecho de la intimidación una nueva forma de vida y que ya se comenta con insistencia que de ella también se benefician los que hacen parte de los organismos de control del Estado.

Juan Cataño Bracho

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