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Colombia y el conflicto de las Malvinas

Por: ENRIQUE GAVIRIA LIÉVANO | 5:28 p.m. | 22 de Febrero del 2012

Enrique Gaviria Liévano

Hay argumentos suficientes para que Colombia se alindere al lado de la Argentina en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas.

La legítima dueña de las Malvinas es Argentina.

    El conflicto suscitado nuevamente entre Argentina e Inglaterra sobre la soberanía del archipiélago de las Malvinas no deja de tener interés para nosotros. La posición argentina sobre las Malvinas es prácticamente la misma que la de Colombia respecto del archipiélago de San Andrés, Providencia y todos sus cayos. En ambos casos, sus títulos los heredaron como Estados sucesores de los virreinatos del Río de la Plata y de la Nueva Granada. Luego, al independizarse, se convirtieron en repúblicas y determinaron su territorio conforme al principio del Uti possidetis juris de 1810.

    En desarrollo de su soberanía, Argentina expidió un decreto el 10 de junio de 1829 que creó "la comandancia política y militar de las Malvinas e islas adyacentes al Cabo de Hornos" en el mar Atlántico y dispuso que ellas serían regidas por un comandante nombrado por el Gobierno. No alcanzó a secarse la tinta con que había sido escrito el decreto, cuando Inglaterra y los Estados Unidos comenzaron a objetar la disposición argentina. Tan pronto el comandante, Luis Vernet, pretendió hacer efectiva la prohibición de pescar o cazar lobos de mar en las costas argentinas, los países anglosajones se rebelaron contra el decreto. El 19 de noviembre de 1829, el encargado de negocios de Gran Bretaña en Buenos Aires protestó sosteniendo que afectaba "los derechos de soberanía ejercidos hasta ahora por la corona británica". El 28 de diciembre de 1831, los Estados Unidos enviaron la fragata Lexington, cuya tripulación enarboló curiosamente el pabellón francés en Puerto Soledad, se apoderó de los cueros de lobos de mar y se llevó a uno de los lugartenientes del comandante.

    El 3 de enero de 1833, la Gran Bretaña decidió apoderarse de las Malvinas y envió un buque de guerra, la fragata Clío, cuya tripulación se posesionó de Puerto Soledad y enarboló la bandera inglesa. Todo a pesar de que ya estaba plenamente vigente la Convención de San Lorenzo Real, suscrita entre España e Inglaterra el 25 de octubre de 1790, según la cual la Gran Bretaña se comprometía a no hacer ningún establecimiento al sur de las costas ya ocupadas por España.

    Gran Bretaña ha sostenido que las Malvinas le pertenecen por haberlas descubierto y ocupado, cuando la verdad es que allí llegaron primero Magallanes en 1520, su subalterno Esteban Gómez al regresar a España por el Atlántico y el mismo Américo Vespucio a principios del siglo XVI. Tampoco los primeros ocupantes de las Malvinas fueron los ingleses. Antes las ocuparon holandeses y franceses. Pero una cosa es la ocupación pacífica basada en títulos legítimos y otra, utilizando la fuerza proscrita por el derecho internacional.

    La legítima dueña de las Malvinas es Argentina como Estado sucesor del Virreinato del Río de la Plata. Es por eso por lo que no entendimos que, en lugar de acudir a las instancias internacionales para resolver la controversia con Inglaterra, la junta militar argentina, presidida por el general Leopoldo Galtieri, hubiera resuelto en 1982 tratar de recuperar por la fuerza las Malvinas. Lo anterior explica la posición colombiana de apartarse del consenso latinoamericano en la OEA al oponerse a la aplicación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca.

    Hoy, las circunstancias son distintas. Inglaterra pretende mantener un "enclave colonialista" en el Atlántico y ha desplazado buques de guerra en esa zona, circunstancia que, junto con lo que hemos analizado, son argumentos suficientes para que Colombia se alindere al lado de la Argentina en el Consejo de Seguridad y la Asamblea General de Naciones Unidas.

    Sin embargo, tratándose de una cuestión también jurídica, bien pueden las partes acudir a la Corte Internacional de Justicia.

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