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El verdadero Cauca

Para quienes el Cauca es cuna de guerrilleros, zona de cultivos ilícitos, escenario de crueles batallas contra los miembros de la Fuerza Pública, departamento pobre y olvidado... y así podría seguir con una gran cantidad de calificativos; también es bueno decir que sobre el departamento del Cauca se podrían escribir muchas historias, crónicas o reportajes, sobre grandes sucesos históricos, personajes de la ciencia o de la vida política nacional, lugares hermosos y paradisíacos, muy seguramente pocos ponen atención en las verdades y realidades que se viven a diario, las historias que no se escriben, las vivencias y sufrimientos de la gente común, las personas que sufren las consecuencias que dejan el uso de las armas, prácticamente desde que inicio la Conquista. 

Me centraré en un proceso que se ha venido desarrollando desde hace mucho tiempo en el norte del departamento, en los mismos municipios que vemos normalmente en los noticieros, y no precisamente por ser centros turísticos o industriales del país.

Estoy hablando de Caloto (mi lugar de origen), Toribío, Jambaló, Caldono y Santander de Quilichao, poblados principalmente por comunidades paeces (nasas). Este proceso que para muchos es una curiosidad política, para otros un proceso que debería darse en toda Colombia, pero para los caucanos que vivimos y sufrimos a diario en nuestra tierra es un plan de vida, una forma de enfrentar la adversidad y el olvido en el cual nos ha mantenido el Gobierno, el cual se ha puesto en la tarea de desprestigiar y atacar de una forma muy baja a una organización en Colombia que ha logrado plantear verdaderas alternativas de paz, de desarrollo y convivencia, sin necesidad de depender de agentes externos, que lo que buscan en nuestras tierras son la riqueza y abundancia que aún conservamos.

Para muchos, el proceso de resistencia civil es algo novedoso y curioso: que la idea de ser neutral ante cualquier actor armado, bien sea Gobierno, guerrillas o paramilitares, es una estupidez y no es más que una forma de camuflar el apoyo a grupos armados ilegales. Lo que muchos no entienden (incluido el Gobierno) es que en el Cauca estamos cansados de ver armas, de ver nuestro pueblo desangrado, de ver que cada vez que un nuevo líder surge sea asesinado, de ver que es preferible comprar un fusil que apoyar un campesino para que siga haciendo lo que sabe hacer: sembrar comida.

Estamos cansados de ver que un consejero presidencial califique a las víctimas de la violencia como migrantes, pero la realidad es que personas honradas se ven obligados a desplazarse a una ciudad, donde las oportunidades son nulas, en un lugar donde te miran como extranjero, indigente o delincuente. Estamos cansados  de  que el mismo Gobierno justifique las masacres en pueblos que lo único que necesitan es tierra para trabajar, y que condecore a los militares que las ejecutan. Estamos  cansados de que las guerrillas involucren a los jóvenes en una guerra que no queremos pelear, guerra donde nunca habrá un ganador; estamos cansados de que los paramilitares masacren familias enteras, porque en algún momento llegó alguien con un fusil, exigió un vaso de agua y un informante dijo que era guerrillero.

Cansados, en fin, de que muchos periodistas nos califiquen y recriminen, que se ensañen contra nuestros dirigentes tildándolos de guerrilleros y acosándolos cada vez que tienen oportunidad.

Pese a  todo, ¿el Gobierno quiere que se le dé apoyo a sus instituciones?, ¿que no seamos neutrales?, exigiendo constantemente que nos manifestemos de forma contundente contra las guerrillas; lo hemos hecho, y muchas veces. Pero ¿cuántas veces el Gobierno se ha manifestado en contra de los crímenes de los militares aliados con paramilitares?, ¿cuántas veces  ha criminalizado y atacado a los políticos que se beneficiaron electoralmente de estos crímenes? ¿Por qué estos políticos son tan cercanos al Gobierno? ¿Por qué reciben con los brazos abiertos a un grupo de asesinos en el Congreso y Casa de Nariño, pero no abren espacio para dialogar con la minga indígena?

Muy seguramente para el Gobierno, para la clase dirigentes de este país, la oposición a las políticas de comercio y seguridad planteadas por el Gobierno es simplemente lo que muchos asesores externos, políticos de izquierda y enemigos del Gobierno han manifestado y no son ideas propias de un puñado de indios analfabetas.

Pero la realidad es otra, es una respuesta en defensa de nuestra cultura, nuestro territorio, es una voz clara de que no queremos ser esclavos de multinacionales, y que no queremos que ningún colombiano lo sea. Queremos que toda Colombia entienda que somos uno solo, que debemos conservar nuestros recursos, nuestra cultura, nuestra unidad y no ser lo que los países desarrollados: consumidores compulsivos, arrasadores de recursos, de vidas, sin pensar en los daños que se le hacen a la Madre Tierra, queremos que todos los colombianos entiendan que esta tierra la recibimos en préstamo de nuestros hijos, y no en herencia de nuestros abuelos. En memoria de la Gaitana, Juan Tama, Benjamín Dindicue, Manuel Quintín Lame, Álvaro Ulcue y todos los mártires de nuestro pueblo, el Cauca no es un departamento más y, a diferencia de muchas zonas olvidadas del país, es un departamento que se ha mostrado y ha generado alternativas; es un departamento que no está dispuesto a ser vendido al mejor postor, como lo pretende hacer el Gobierno, con su ley de páramos, donde tendremos que pedirle permiso a un extranjero para entrar a nuestros lugares sagrados. Queremos seguir siendo lo que hemos sido siempre: el territorio del gran pueblo (Cxab Wala Kiwe).

* Ingeniero electrónico Estudiante de maestría en ingeniería - Automatización industrial Universidad Nacional de Colombia (Sede Manizales)

Milton Orlando Sarria Paja *

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