El señor Hu va a Washington
Por: Chris Patten* | 4:28 p.m. | 18 de Enero del 2011
Londres. El presidente Hu Jintao llega este 19 de enero a Estados Unidos en su tercera visita oficial como líder de China. Y podría ser la última que haga antes de que le entregue el poder a quien aparentemente ha sido designado como su sucesor, el vicepresidente Xi Jinping, en el 2012 -coincidencialmente el mismo año en que el presidente Barack Obama estará en campaña para un segundo periodo en la Casa Blanca-.
Según la revista 'Forbes', Hu es la persona más poderosa del mundo. Dejando a un lado el hecho de que el poder en China se ha institucionalizado de una manera mucho más burocrática a como ocurría en los días de Mao Zedong (un aspecto positivo), no hay duda de que esta visita tiene una enorme importancia. Ciertamente, la relación entre Estados Unidos y China será el compromiso bilateral más significativo en la configuración del trayecto que seguirá el siglo XXI.
En el núcleo de la globalización, se encuentra la emergencia de economías de rápido crecimiento, entre las que se destacan Brasil, India y, sobre todo, China. Estados Unidos sigue siendo, por supuesto, la única superpotencia del mundo --militar, económica, política y culturalmente--. Si bien otras democracias del mundo no dejan de criticar el liderazgo estadounidense, saben que dependen de Estados Unidos para enfrentar los más serios problemas globales. Sin Norteamérica, no se puede hacer mucho.
Pero China tiene ahora la suficiente influencia comercial, respaldada por más de $2 trillones en reservas de divisas, como para jugar un rol decisivo en la dinámica de avanza o impedir la solución de problemas globales, que van desde la agenda de G-20 a esfuerzos por manejar las ambiciones nucleares del Norte de Corea. China es demasiado grande para pasarla por alto y quiere que le muestren el respeto que merece por ser una civilización que ha contribuido tanto al progreso humano.
Para el resto de nosotros, la pregunta clave es si Estados Unidos y China tendrán una competencia cada vez más tensa entre ellos o si serán socios cooperativos, aunque con sistemas políticos muy distintos. ¿Lucharán para dominar el siglo XXI o para hacerlo más pacífico y próspero?
China se ha vuelto sorpresivamente torpe en sus relaciones con Estados Unidos y sus vecinos asiáticos durante los últimos meses. Sus líderes parecen haber interpretado los intentos de Obama por acercarse a ellos, reduciendo ataques bilaterales, como un signo de la debilidad estadounidense luego de la caída de Wall Street y de los reveses militares en Irak y Afganistán. La arrogancia ha reemplazado la modestia sofisticada. ¿Qué otra cosa puede explicar el trato que recibió Obama en su primer viaje a China y durante la desastrosa conferencia en Copenhague sobre el cambio climático, en la que un oficial chino de un relativo bajo rango hizo un gesto admonitorio ante el presidente norteamericano?
El comportamiento oficial de China después del premio Nobel de la Paz para Liu Xiaobo convirtió un momento bochornoso en un desastre de diplomacia pública, mientras que los vecinos de China han sentido inquietud ante los esfuerzos chinos por ejercer su influencia. Japón, Vietnam e, incluso, Singapur han reaccionado con consternación, llamando la atención en la necesidad de que Estados Unidos siga siendo el principal garante de la estabilidad e Asia.
Sorprende que esto haya ocurrido con Hu al mando, un hombre cauteloso e inteligente. Tal vez este comportamiento se le puede atribuir al inminente cambio de liderazgo, con una facción agresiva en el Politburó y Comité Central del Partido Comunista que debe bajar los ánimos. Debe haber alguna explicación para que China haya escogido este momento para una riña innecesaria y torpe incluso con el Vaticano.
Es así que son altas las apuestas en Washington para el presidente Hu. Oirá por sí mismo la fuerza de los argumentos de Estados Unidos sobre el comercio y la tasa de cambio del renminbi. Podrá observar, al menos en privado, que si uno mira la tasa de cambio efectiva real -teniendo en cuenta el impacto sobre los precios de exportación del alza en los costos laborales- la brecha entre el renminbi y el dólar es mucho menos importante de lo que sugieren lo críticos de China. Pero Hu también proporcionar verdadera evidencia de que China está abriendo sus mercados a medida que crece el consumo doméstico y de que reconoce que una recuperación global requiere de ajustes en China, así como en Estados Unidos para compensar los desequilibrios internacionales.
En cuanto a la seguridad, China debe mostrar que comparte el nerviosismo de Norteamérica, Europa y Oriente Medio en relación con las ambiciones nucleares de Corea del Norte e Irán. No es suficiente esperar lo mejor. Nadie duda de que Corea del Norte es responsable de su propio comportamiento delincuencial. Pero el fracaso público de China de distanciarse de las provocaciones militares de Corea del Norte ha debilitado la credibilidad respecto a sus esfuerzos por distender la crisis.
Más importante aún, China debe aclarar que apoyará sanciones más fuertes para Irán -y ayudará a implementarlas- si el régimen iraní continúa insistiendo en su programa nuclear. El gas y el petróleo de Irán no deben cegar a China ante los peligros que para su vecindario y para el mundo entero traería el desarrollo de un arma nuclear por parte de la república islámica.
China merece ser tratada con seriedad, pues juega un papel esencial en el orden mundial. Pero, con el fin de asegurar el estatus que le gustaría tener, debe demostrar que entiende que una alianza es una vía que va en dos direcciones.
* Último gobernador británico en Hong Kong y ex Comisionado para Asuntos Exteriores de la Unión Europea. Actualmente es canciller de la Universidad de Oxford.
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