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El país de la televisión, la religión, la música y el licor para entretener al pueblo

Publicado el 13 de Enero de 2009

En nuestro país poseemos un problema existencial, porque nos sostienen anclados en la Edad antigua. Reímos más frente al televisor que ante quien lo compró; tenemos santos para todo, organizamos fiestas al mango, al burro y al mar, y se bebe licor hasta los domingos; todos ellos ritos paganos y tributos a la naturaleza como nuestros antecesores.

En Colombia olvidamos los excesos de toda índole una semana después, mediante la televisión, la religión, la música y el licor.

Primero que cualquier cosa, si hablamos de la televisión, digamos en general que pasamos más horas delante de la televisión pública que de nuestros familiares; nada tiene esto que ver con calidad más que con tres simples razones: economía, inmediatez y facilidad de manejo. Economía, porque no pagamos ni un gancho de ropa para recepcionar mejor; inmediatez, porque es lo menos peor que tenemos a la mano; y facilidad de manejo, porque hasta nuestros abuelos lo saben encender y apagar aunque nos llamen para sintonizarles su canal favorito.

En el caso de la religión, quién no ha recibido los domingos la visita sin anuncio de aquellas personas que nos hablan más del Maligno que del Benigno, para hacernos entender lo del paraíso prometido, de todo lo imperfectos que somos y de lo ejemplares que son ellos, mientras nosotros miramos sobre sus cabezas todo cuanto dejamos de hacer por atenderles, y ellos, sin desespero, continúan con preguntas y más preguntas y hasta nos hacen leer sin detenerse a pensar en su abstracción, si sabemos o no; y más aun, nos dicen que serán cinco minutos y, como en los panes y los peces bíblicos, terminan multiplicándolos.

Por otra parte, todos tenemos un familiar o conocido que le guste la música. Son estos individuos quienes activan el círculo del entretenimiento y consumismo. Compran, cambian y alardean de su adquisición. Tanto así, que hay quienes tienen completos equipos musicales del tamaño de un escaparate, con todos los temas musicales que nos imaginemos, todo esto avaluado por el doble del valor de la casa que desean, cobran por presentación, y tienen la gran convicción de que nadie tiene mejor música que ellos, incluyendo los dueños de otros sistemas musicales y las emisoras que les piden exclusivas.

Finalmente, nunca hay dinero para nada que no tenga que ver con licor o construcción; es objeto de estudio científico la manera como en los barrios más oprimidos siempre hay dinero para estas dos actividades, y en su defecto, el licor, mientras se espera la segunda, practicando en casa para acrecentar la población mundial, o viendo la repetición de la repetidera de las vetustas películas de los fines de semana, cuando sus actores aún tenían cabello. Su consumo es tal, que hasta nos sentimos orgullosos porque mediante este contribuimos con los impuestos a la vez que lucimos un tanto atractivos ante las mujeres, portando una botella en la mano y sintiéndonos casi dueños del poder que ellas desean.

A manera de reflexión, podemos decir que en Colombia tenemos capacidad de olvido de los excesos de toda índole, debido a la televisión, la religión, la música y el licor impuestos, pero esto no sea excusa para continuar en este círculo perpetuo, que eventualmente legaríamos a nuestros hijos, y estos, a su vez, a los suyos. Como dijo la única reina que avalo desde que el mundo es mundo y hasta este tercer milenio, Celia Cruz, "Traigo abrecaminos pa' tu destino", a quienes pueda inspirar pensamientos críticos para hacer un mundo mejor; Rubén Blades, "Estudia, trabaja y sé gente primero, ahí esta la salvación", a quienes equívocamente establecen diferencias entre oficio y profesión; y Fidel: "La historia me absolverá" a quienes no me crean y opten por continuar en este circulo perpetuo y sin esperanzas.

Milton Batista Franco

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