El Brasil que deja Lula
Por: Alfonso Gómez Méndez | 6:13 p.m. | 11 de Enero del 2011
Parece llegado el momento de que la región asimile el ejemplo brasileño.
En los últimos 16 años, nuestro vecino amazónico se ha convertido en potencia económica de la región: hoy es una nación más integrada, que ha reducido sensiblemente la pobreza; con partidos políticos sólidos, es una democracia actuante en medio de los desequilibrios sociales y el claro liderazgo de un hombre de Estado como Lula da Silva. Brasil es la octava economía mundial, siendo este solo uno de sus muchos logros. Pero, ¿cómo lo ha conseguido?
Fernando Henrique Cardoso, liberal clásico, alcanzó la estabilidad económica, tan golpeada durante las dictaduras militares. Vino luego Luiz Inácio Lula da Silva, un ejemplo de disciplina, perseverancia y coherencia. Primer presidente del Brasil sin formación académica formal, se hizo en el sindicalismo. No dio tumbos políticos, ni fue oportunista, ni trató de hacerse "perdonar" del establecimiento su pasado sindical. En 1980 fundó el Partido de los Trabajadores. Supo mantenerse en la oposición y no renunció a sus principios para transigir por "migajas de poder". No siguió la tendencia de los partidos de izquierda en Colombia, que sucumben por los pecados de oportunismo, impaciencia, desvíos ideológicos, 'voltearepismo', ausencia de organización y coqueteos con las estructuras tradicionales. Demostró que la democracia necesita partidos fuertes y no apenas siglas con mero alcance electoral, que nacen, vegetan y mueren con sorprendente rapidez y no menor facilidad.
En el gobierno, no perdió el norte de reducir la pobreza y buscar la justicia social. Entendió que tenía que hacerlo dentro de una economía de mercado; pero, como dice el teólogo, filósofo y escritor Leonardo Boff, colocó "la nación por encima del mercado". Se propuso hacer crecer la economía dentro de la distribución, principio muy diferente al del desarrollismo neoliberal. Los índices económicos aumentaron en su mayoría. No tomó medidas que ahuyentaran a los inversionistas (al estilo Chávez), pero logró sacar de la pobreza a 28 millones de personas. En ocho años, los sueldos subieron 200 por ciento para facilitar la capacidad de compra de los trabajadores.
Al sacar millones de brasileños de la pobreza, los volvió consumidores, y con ello contribuyó a mover la economía. Llevar a los pobres a la clase media es un acelerador económico. Reducir la pobreza para crear riqueza parecería ser el lema de la socialdemocracia. Sólo en 2010 creó dos millones y medio de nuevos empleos. La fórmula colombiana, que se repite con la llamada ley del primer empleo -pretender crear puestos de trabajo reduciendo las contribuciones al Estado-, parece estar llamada al fracaso. Una buena política impositiva es la mejor manera de redistribuir el ingreso.
Lula no se embarcó en reformas constitucionales, ni en esa endiablada carrera por estar cambiando las leyes. Prefirió actuar.
Con la aplicación de dos o tres artículos de la Constitución vigente, los colombianos podríamos conseguir los mismos resultados de Lula. No lo hacemos. Seguimos en el deporte de cambiar las leyes para disfrazar la falta de voluntad de buscar transformaciones esenciales. La "universalización de la educación" fue uno de los logros de Lula. Hay que reconocer que en esa materia mucho se avanzó aquí durante la administración Uribe.
Y dentro de la idea de que lo que se necesitan son partidos y no caudillos (por eso Lula no buscó su segunda reelección), la continuidad y mejoramiento de las políticas están garantizados con Dilma Rousseff. Fue guerrillera, sí, pero dentro de una guerrilla que nada tiene que ver con la nuestra, pues luchaba contra violentas satrapías militares. No traficaba con la libertad ni con las drogas, como ocurre aquí. Parece, pues, llegado el momento de que la región asimile el ejemplo brasileño.
Herramientas
Otras noticias hoy





