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Costumbres y sida

"Todo me es permitido, pero no todo me conviene".
Pablo de Tarso

Heráclito y Freud convinieron en que el carácter definía el destino del ser humano. Y destino es cuanto ha de suceder inevitablemente. Por eso puede haber destinos fatales y destinos bienaventurados. El humano inteligente es quien, con prudencia, resuelve sus problemas y disminuye los ineludibles riesgos para una mejor vida. La mortal pandemia por VIH tiene en problemas a una humanidad que lo ignora y, al tiempo, lo padece más. Basta sumar 5 países de África (Suráfrica, Nigeria, Uganda, Zimbabue y Tanzania) en 2007 para totalizar la espantosa cifra de 5'770.000 huérfanos de padre y madre a causa de la enfermedad. Una crisis sanitaria y familiar se transforma en una debacle social.

Ignorar que puedo contagiar, o contagiarme, es el modo de transmisión que mayor importancia tiene en la diseminación de la epidemia; la ruta sexual está ahora en boga también para poblaciones heterosexuales con "pareja estable".

Colombia exhibe el peligroso tercer puesto latinoamericano en el ranking de mayor presentación de la infección, superada sólo por Brasil y México. Todos países objeto de turismo sexual en una época de globalización hasta de las enfermedades. De hecho, el virus estuvo -durante siglos- circunscrito a un hábitat ecológico restringido a África. Luego, el sida explica fácilmente los puentes entre las divisiones de la realidad. Los actos socioeconómicos, como son la depredación de la naturaleza en busca de lucro, irrumpieron en un circuito epidemiológico. Actos humanos. Hoy en día, la epidemia globalizada (pandemia) consta de un peso grave que trascendió lo local y pone en aprietos, décadas después, a un país como Colombia, con poco intercambio directo con África. Bogotá, principal puerto seco comercial del continente, según el experto Ricardo Luque M.D. (2004) tiene el mayor número de personas infectadas del país.

El acto humano individual, que expresa el carácter -sin importar fronteras o tendencias sexuales-, se vuelve así potencialmente un hábito en la medida en que genera satisfacción. Hay quienes escogen placeres inmediatos, o simples evasiones a la tristeza o la soledad, por encima de satisfacciones a largo plazo, incluyendo la misma supervivencia. ¿Qué hacer cuando la cultura incita a la promiscuidad e infidelidad desde la literatura, cada una de las artes y comunicaciones sociales masivas, los desarrollos farmacológicos, o político-legislativos (la bigamia, por ejemplo hoy, no se castiga per se sino por significar falsedad en documento)?

V. Frankl, psiquiatra padre de la logoterapia, describía (Psicoterapia y humanismo) como síntoma de neurosis la deshumanización del sexo. Dichos sujetos que no aman terminan por reconocer que "se masturban en sus parejas" quedando involucrados en la promiscuidad, o siendo monógamos seriales, ignorando la esencia única del otro que es reducido a objeto.

En Colombia se ha magnificado uno de los componentes harvardianos del ABC contra el sida (A de abstinencia, B de ser fiel -Be faithful- y C de condón). El condón, según estudio centinela (2006) de la Secretaria de Salud del Distrito, por fallas en su uso, se rompió al menos una vez en un 44,9% de los hombres seropositivos que tienen sexo con hombres. Un 8,1% de estos seropositivos describió que el accidente les había sucedido "muchas veces".

Pero esta trilogía de prevención comienza a tocar el verdadero propulsor en la diseminación de la enfermedad: las costumbres. En una cultura autopermisiva y alentadora del cambio por el cambio, del rechazo gratuito a la tradición, de lo desechable, que incluye parejas y familia, y de la anomia urbana, es decir, de la ausencia y degradación de normas en un medio que todo lo posibilita, como sucede en las grandes urbes, hace de las ciudades turístico-comerciales los focos geográficos con las mayores prevalencias de la infección. Se debe ser responsable en un mundo plural, distractor e interdependiente, donde muchos dependen de Usted y sus decisiones. La fidelidad tras la apariencia moral es también bioseguridad.

* Instituto de Bioética. Universidad Javeriana

Ricardo Andrés Roa-Castellanos *

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