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En Colombia, uno de los efectos perniciosos del modelo de restitución de importaciones, llamado apertura, desde el gobierno de César Gaviria hasta hoy, ha sido la desindustrialización y la consiguiente reprimarización de la economía. Es decir, la creciente importancia de los sectores primarios, especialmente de la minería y el petróleo en la economía.
En Colombia, la crisis de la manufactura se remonta a los años 80, con el surgimiento de las economías de Asia, como Taiwán y Corea. Más tarde, a partir de los 90, China comienza a ser el competidor más agresivo para el sector manufacturero, por sus bajos costos unitarios y una tasa de cambio yuan/dólar alta.
Los grandes flujos de dólares del narcotráfico alimentaron el contrabando y el fenómeno de los Sanandresitos. La apertura, con la liberalización del mercado de capitales y la entrada masiva de inversión extranjera, revaluó el peso y profundizó la crisis de la manufactura. La política monetaria del Banco de la República supeditó el manejo de la tasa de cambio al control de la inflación. El objetivo antiinflacionario se logró, pero a un costo altísimo con la crisis 1998-2002, en empleos y producción.
Un supuesto del modelo aperturista es que no hay sectores económicos con ventajas implícitas especiales. Todos los sectores son iguales. El mecanismo de precios del mercado, articulado sobre las ventajas comparativas, decide dónde invertir y qué producir.
La libertad de mercados y de capitales de manera creciente viene atrayendo la inversión extranjera a los sectores mineros, petróleo y derivados, carbón, ferroníquel, oro, etc., en grandes sumas. La inversión extranjera en minería fue de 4.476 millones de dólares sobre un total de 9.028 millones de dólares, en el 2007, mientras las exportaciones mineras y petroleras fueron de 8.971 millones de dólares, que representan el 30 por ciento de las exportaciones totales. Este 'boom' de inversión extranjera y de exportaciones ha sido estimulado por la creciente demanda mundial de materias primas, principalmente de India y China, a precios crecientes.
La revaluación del peso es uno de los problemas asociados a la transformación estructural de la economía. Así lo ha señalado un editorial de EL TIEMPO, 'El lío de la revaluación' (22 de junio de 2008): "Nos estamos volviendo una economía 'petrolizada' o, más bien, 'mineralizada', no ajena a síntomas de 'enfermedad holandesa' ". La revaluación significa la pérdida de competitividad internacional de los sectores productivos internos, especialmente de la manufactura, y su posible desaparición.
Paralelo a la enfermedad holandesa, hay un ejemplo mucho más antiguo y más cercano. El oro de la América española arruinó a España. A pesar del enorme flujo de metales preciosos, España se convirtió en un país endeudado hacia 1550, hasta que finalmente perdió su independencia financiera, mientras una rampante inflación hacía de las suyas. Las industrias españolas, que fueron previamente rentables, como la seda, el hierro y el acero, se fueron extinguiendo. El flujo de metales preciosos contribuyó a inundar de importaciones y a desindustrializar a España, mientras Inglaterra y Holanda, escasas en minas, se industrializaron.
Un aspecto interesante del ejemplo de España, como anota Erik Reinert, es que los propios economistas españoles hicieron bien el diagnóstico, recetaron las políticas apropiadas y, sin embargo, no fueron escuchados por la Corona. Jerónimo de Uztáriz argumentaba que las riquezas del Potosí no eran nada en comparación con las riquezas que producían las manufacturas. Es decir, hay sectores que son más importantes que otros para el desarrollo. El desarrollo económico es específico dependiendo de determinadas actividades. La manufactura es preferible sobre otras por sus mayores capacidades para crear riqueza y para crear empleo con salarios bien pagos. Igualmente, la industrialización es un proceso de sinergias: mientras más grande la división del trabajo y más numerosas las profesiones, mayor la riqueza.
Un dólar barato, proveniente de la minería o del flujo de capitales, hará que los empresarios se desplacen de sus actividades de exportación, productivas, a actividades rentísticas, improductivas, y el crecimiento se hará más dependiente de la demanda externa y más volátil. China, por ejemplo, un país exitoso en el crecimiento, lo ha hecho con la estrategia de un tipo de cambio costoso, y para mantener una tasa de cambio competitiva ha tenido que regular las cantidades y los tipos de flujos de capital, al mismo tiempo que acumular reservas. En Colombia, se alega que se han hecho ambas cosas, pero no lo suficiente.
Colombia, detrás del espejismo del crecimiento minero, está siendo arruinada por la abundancia de dólares, de la misma manera que España lo fue con el oro de América.
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