El acuerdo de Brasil y Colombia para compartir 60 kilómetros alrededor de sus fronteras para vigilancia satelital y vuelos de reconocimiento es un gran paso en el plan de poner el ejército brasileño a la cabeza de la tecnología militar en Latinoamérica. Para Colombia, simplemente es una amenaza más contra las Farc.
Los contratos tecnológicos militares de Brasil con Francia, Israel y Rusia para la investigación y desarrollo de armamento original en factorías brasileñas, como el proyectado submarino nuclear brasileño para proteger sus nuevos yacimientos petrolíferos en el mar, se suma a los avances brasileños en la industria aérea de la cual Colombia es uno de sus clientes con la compra de los flexibles Tucanes usados por el Gobierno colombiano para atacar campamentos de las Farc.
El primer producto asociado con el acuerdo entre Brasil y Colombia es la producción en Colombia de un avión de carga militar con tecnología brasileña, en el estilo de los ensamblajes de automotores Renault y Chrysler, que Colombia ha tenido con Francia y Estados Unidos.
Pero más importante para Brasil es la venta de tecnología espacial de vigilancia. Brasil es miembro del MTCR (Missile Technology Control Regime - Régimen de Control de Tecnología de Cohetes) desde 1995, Brasil tiene sus propios lanzadores de satélites y mantiene satélites militares y de comunicaciones, como también de monitoreo ambiental y recolección de imágenes con sondeadores infrarrojos multiespectrales.
El mercado del espionaje satelital es de importancia global y Brasil quiere tener su parte en este creciente mercado mundial. El acuerdo con Colombia es un incentivo para estos propósitos y hace a Colombia un potencial cliente de los productos espaciales brasileños.
El acuerdo no tiene ninguna importancia económica ni tecnológica para Colombia. El Gobierno está tan contento con Brasil como lo está con el gobierno estadounidense, que desarrolla su propia tecnología de espionaje y acumulación de data a través de acuerdos con Colombia que le permiten extraer y proveer espionaje satelital dentro del territorio colombiano. El interés colombiano está reducido a aumentar su información sobre los movimientos de las Farc dentro de Colombia y en sus fronteras con el ánimo de atacarlas. Este fue más o menos el mismo objetivo que tenía el gobierno de Vietnam para permitir que el gobierno estadounidense bombardeara incansablemente a los Vietcong.
No es que atacar a las Farc sea algo malo, sino que Colombia se pone en las manos de dos poderosos fabricantes de armamento avanzado, Estados Unidos y Brasil. Cuando esto pasa, las guerras no se acaban, porque como Brasil mismo lo experimentó a finales de la década de los 80 en el siglo pasado, la terminación de la guerra fría quebró su pujante industria militar de esa época y como los mismos Estados Unidos saben muy bien que sin nuevas guerras contra el terrorismo tampoco hay ganancias para la industria militar. Y es que lo ventajoso de la industria militar es la tecnología y las altas ganancias que producen.
Es muy probable que Brasil prevé que las FARC entraron en una fase de guerra prolongada y que va a haber guerra por muchos años y, por lo tanto, la necesidad colombiana de más aviones, más material de espionaje y más inteligencia extranjera como la de Estados Unidos y por supuesto ahora la de Brasil.
El acuerdo entre Colombia y Brasil para compartir espionaje de sus fronteras amazónicas beneficia a Brasil enormemente e irónicamente, quién lo creyera, a las Farc, que han establecido que su capacidad operacional ha llegado a convertirse en el centro de acuerdos internacionales. Las Farc ya no son el grupito doméstico de Marquetalia, sino que en los gobiernos del presidente Uribe son una organización central a la política internacional de Colombia y pieza fundamental de la diplomacia colombiana con sus vecinos. Las Farc han tenido tal suerte que han logrado un renombre mundial gracias a marchas internacionales que les ha dado una publicidad gratuita que ha sido la envidia de Hamas y Hezbolá.
La izquierda brasileña, como el Partido Comunista Chino, está demostrando que puede moverse con holgura en lo más avanzado de la tecnología militar y en la economía de la globalización. No por coincidencia Brasil y China trabajan conjuntamente en el desarrollo de tecnología espacial y de cohetes.
La otra ironía de estos hechos para Colombia es que mientras Israel ha aprovechado la guerra con Palestina para adquirir tecnología militar y convertirse en un actor importante de la industria militar mundial, en Latinoamérica es Brasil, un país pacífico, sin guerrillas y sin guerra con nadie, el que lidera el avance de la industria militar. ¿Qué haría Colombia sin los Tucanes brasileños? O ¿sin el espionaje espacial estadounidense?
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