Grado 12 o sobre lo absurdo
Por: ARTURO ARGüELLO | 6:03 p.m. | 22 de Febrero del 2012
Arturo Argüello
Implementar el grado 12 en los colegios para disminuir la brecha entre la educación media y la educación superior, tal como lo propone la Alcaldía de Bogotá, es una estrategia inútil.
La propuesta de la Alcaldía de Bogotá de agregar el grado 12 para disminuir la brecha entre la educación media y la educación superior y para articularlas de manera adecuada no solo es poco novedosa, pues ya ese debate se había dado a finales de la década de los 90, sino que su aporte a la equidad social y a la construcción de una nación educada es evidentemente limitado, por no decir que nulo. Bastante tienen ya lo estudiantes con tener que perder gran parte de su vida estudiando (muchas veces memorizando sin sentido) aspectos de poca utilidad para ellos y para la sociedad, como para que ahora se proponga sumarle otro año de vida perdido que no logrará su cometido. La estrategia no solo es inútil sino que le costará al Distrito una enorme cantidad de dinero que bien podría ser invertido en capacitación, mejor remuneración o incentivos para el cuerpo docente de la red de colegios públicos, estrategias demostradas y relacionadas directamente con un mejoramiento de la calidad.
Un error que he observado que cometen con frecuencia los que piensan que saben de educación es que el sentido común les dicta una fórmula que correlaciona y establece una proporcionalidad entre el tiempo que pasa un estudiante en un salón de clase o en un colegio (o universidad) y la calidad de la educación recibida. No en vano todos los que fueron candidatos a la Alcaldía de Bogotá en las pasadas elecciones proponían como "la solución" a los serios problemas de calidad de la educación pública, la jornada única escolar. Pero nada más lejos de ese planteamiento ingenuo de quienes desafortunadamente toman las decisiones. Más horas o más años no equivale necesariamente a mayor calidad y, por el contrario, con estas supuestas soluciones se puede llegar a agudizar problemas tales como la deserción escolar.
El raciocinio que sustenta mi argumento no puede ser más simple. ¿Si 11 años no son suficientes para preparar adecuadamente a los bachilleres para enfrentar el reto de la educación superior o de la vida misma, qué le hace pensar a la Secretaría de Educación y a la Alcaldía que 12 años si van a serlo? ¿No es más lógico evaluar y mejorar lo que se está haciendo mal en esos once años que malgastar recursos en otro año en el que se seguirán haciendo las cosas de la misma forma?
Bogotá no necesita un grado 12, y al país no le convendría tener un modelo híbrido y copiado entre la educación media y la educación superior solo para la capital mientras el resto del país le apunta a estrategias diferentes. Si realmente queremos transformar la realidad de la educación y con ello de la sociedad colombiana, debemos rediseñar y cambiar radicalmente el currículo de la educación básica y media, y no plantear estrategias de alto costo y bajo impacto que carecen de evidencia que las sustente. Es más, estoy completamente seguro de que si los cinco años que se dedican a la educación básica se concentraran en seis grandes hilos conductores y no en la incontable y creciente cantidad de materias poco articuladas, fragmentas y sin sentido, en esos cinco años de educación básica nuestros estudiantes de primaria estarían mejor preparados, incluso, que algunos de los actuales estudiantes universitarios de primeros semestres (y a veces hasta de los últimos).
Si los cinco años de la educación primaria se concentraran en: 1. Desarrollar el amor hacia las letras (aprender a escribir bien, comprender lo que se lee y tomarle gusto a la lectura y a la escritura); 2. Desarrollar un pensamiento lógico desde los números (entender el mundo y sus problemas desde las matemáticas); 3. Desarrollar habilidades y comprensión de lo estético (arte, teatro, música, danza, etcétera); 4. Desarrollar competencias en actividad física; 5. Desarrollar valores ciudadanos (por ejemplo autonomía, pensamiento crítico, tolerancia, trabajo en equipo); y 6. Desarrollar competencias relacionadas con la internacionalización (segunda lengua y comprensión multicultural de la realidad, entre otras); y si la educación media se dedicara a profundizar en los intereses de los estudiantes por uno o varios de estos seis hilos conductores con un enfoque de resolución de problemas, estaríamos preparando adecuadamente a nuestros estudiantes para enfrentar cualquier reto a futuro, llámese educación superior o vida real, sin necesidad de sumarle más horas o más años a un proceso educativo que ya de por sí es extremadamente largo para los escasos resultados que le demuestra y reporta a la sociedad colombiana. Pero claro está, para lograr esto, para transformar una realidad, nuestra realidad, se requiere atreverse a pensar de una manera diferente, no tradicional, no absurda, para la cual no fuimos educados.
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